‘Tirad sobre el pianista’ (1960)

‘Tirad sobre el pianista’ (1960)

‘Tirad sobre el pianista’ es un homenaje de François Truffaut al noir de serie B, género que le había proporcionado muchas horas de placer en la oscuridad de las salas de cine. La palabra homenaje no es gratuita, porque aunque a ratos parezca una parodia, la película resguarda la dignidad de los personajes y no los trata de estúpidos: esa es la diferencia. Truffaut no ridiculiza al género, sino que juega a romper los tópicos para obtener el mismo resultado: una historia de aroma trágico en la que todos acaban perdiendo.

El cliché que Truffaut subvierte de forma más clara es el del protagonista. A diferencia de los detectives y periodistas del cine clásico de Hollywood, Charlie Kohler (Charles Aznavour) es un pianista acomplejado, extremadamente tímido e inseguro sobre su talento musical y sus relaciones amorosas. Su físico tampoco ayuda: es feo, delgaducho y su rostro siempre expresa preocupación. Pero suele ganarse la confianza de las chicas porque las trata con respeto. Como dice Léna (Marie Dubois): «Tú no eres como los demás, tú tratas bien a las mujeres». Ese afán por defender a los débiles —como Fido, su hermano pequeño— viene marcada por el hecho de haber crecido en el seno de una familia de delincuentes. Él no quiere ser como sus hermanos mayores, aunque también se sienta inclinado a protegerlos.

Otros clichés que rompe Truffaut son los de las mujeres en el cine negro. Ninguna de ellas tiene un rol de femme fatale. No se aprovechan del protagonista, sólo buscan su compañía e incluso intentan ayudarlo. Son mujeres independientes, que toman decisiones sin consultarlas con nadie. Son valientes, son luchadoras y cogen el toro por los cuernos. Empezando por la prostituta que prácticamente obliga a Charlie a acostarse con ella (Michèle Mercier); siguiendo por la esposa de Charlie (Nicole Berger), que se deja violar por el hombre que catapulta a su marido a la fama; y acabando con Léna, la guapísima Léna, que se enfrenta a los mafiosos y convence a Charlie de fugarse del tugurio en el que trabajan.

La influencia marxista

En ‘Tirad sobre el pianista’ hay una clara influencia de los hermanos Marx, de los que Truffaut era un gran admirador. Al igual que aquellos, Charlie también pertenece a una familia de cuatro hermanos, uno de los cuales se llama Chico (Albert Rémy, que es el más canalla). El ritmo frenético, acelerado por los cortes bruscos, la intercalación de planos detalle, el uso de cortinas de imágenes o el efecto viñeta, es típico de las comedias marxistas; por no hablar de los diálogos surrealistas —los mafiosos en el coche—, las carreritas, bromas y gags visuales —Fido tirando leche desde la azotea, Fido burlando a sus perseguidores frente a la escuela— o la importancia de la música, con el piano ligero de Charlie y la canción humorística de Boby Lapointe. Hasta la propia estructura del guion huye de los cánones clásicos, dejando cabos sueltos hasta la recta final, situaciones agónicas que se resuelven en un pispás y un flashback romántico-sombrío que llega a ser desconcertante.

Por todo ello, por esa mezcla de comedia y tragedia, por el rostro triste de Charles Aznavour, por esos preciosos gifs de Marie Dubois al viento, por las torpes posturas de cama, por la figura estoica de Lapointe, por el patetismo del tiroteo en la nieve, por los nihilistas monólogos interiores y otros muchos detalles, ‘Tirad sobre el pianista’ es una película de atracción inmediata. Sientes por ella la misma ternura que Truffaut sentía por sus personajes. Lástima que la jugada no le saliera bien y el público le diera la espalda…

CALIFICACIÓN
5 estrellas

Ficha técnica (+)

Título original: ‘Tirez sur le pianiste’. Dirección: François Truffaut. Guion: Marcel Moussy y François Truffaut, basado en una novela de David Goodis. Reparto: Charles Aznavour, Marie Dubois, Albert Rémy, Nicole Berger, Michèle Mercier, Claude Mansard, Serge Davri, Richard Kanayan, Claude Heymann, Boby Lapointe. Duración: 81 minutos. País: Francia.

Otras críticas

«…se expone a los personajes, aún a los más canallas, a una mirada de conmiseración, desprovista de todo juicio; no queda lugar para una moral sólida ante lo fatídico de la existencia humana, ante la siempre presente vulnerabilidad. Es todo pérdida, diríamos desde la psicología» (Ricardo L. Aiello, ‘Letra Celuloide’). (+)

«Truffaut (…) nos decía que la vida podía ser una vida en negro con todas las pasiones de fondo. Bastaba con unir los elementos con la naturalidad de una tonta tonadilla, algo animada, algo dispersa pero con la seguridad de que la creación del momento era algo irrepetible y nada mundano» (César Bardés, ‘Los ojos del lobo’). (+)

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