‘Odio entre hermanos’ (1949)

‘Odio entre hermanos’ (1949)

Como tantas otras familias italianas de la época, los Monetti abandonaron su Sicilia natal para buscarse la vida en Nueva York. Primero abrieron una peluquería en un barrio de poca monta. Vivían allí mismo, con lo justo para no morirse de hambre. Hasta que al patriarca, el bigotudo Gino Monetti, fue al banco a pedir un crédito. Y cuando vio que tendría que devolver el dinero con unos intereses abusivos, en lugar de indignarse, cumplió con el tópico de los taimados sicilianos, uniéndose al enemigo y abriendo su propia casa de préstamos. El negocio floreció en poco tiempo, el banco Monetti se convirtió en uno de los más populares de la ciudad y la familia pudo mudarse a una mansión de lujo donde comer un plato de espaguetis ya no era una obligación, sino un capricho.

‘Odio entre hermanos’, nueva incursión de Joseph L. Mankiewicz en el género negro, arranca años después, cuando uno de los hijos del patriarca, Max Monetti (Richard Conte), sale de la cárcel. El guion de Philip Yordan plantea una estructura in medias res, abriendo una serie de interrogantes en la primera parte que se irán resolviendo a través de un largo flashback y, posteriormente, en un emocionante clímax. La estructura de la trama es impecable, si bien hay ciertos giros de los personajes un poco forzados, así como un acartonamiento general que puede llegar a sacarnos de la película.

Por supuesto que el acartonamiento no afecta en absoluto a Edward G. Robinson, quien interpreta a Gino Monetti con afán caricaturizador. Supongo que la idea de Mankiewicz era provocar escalofríos por el contraste entre la actitud campechana de Monetti y el despotismo con el que trata a sus clientes o a sus propios hijos. Pero la caricatura es demasiado plana como para sentir algo así; al personaje le falta profundidad y dramatismo (véase el sensacional papel de Robinson en ‘Perdición’, de Billy Wilder). Ahora bien, como digo, al menos él no está tieso como los hijos. Y puedo aceptar que con ello se quiera reflejar el miedo al patriarca, pero no debería ser así en el personaje de Max. Claro que Richard Conte daba para lo que daba.

Tensión sexual

Mejor que todo el reparto masculino está Susan Hayward como Irene Bennett, la amante de Max. El guion pone en su boca unas palabras ácidas, bofetones típicos del cine negro que sirven para elevar la temperatura ambiente; la tensión sexual entre los amantes se corta con un cuchillo. La pena es que el guion no termina de acertar con la cuestión de que Max está prometido con otra mujer, Maria Domenico (Debra Paget), la cual, por muy joven e ingenua que fuera, debería mostrar algún tipo de celos o de rabia contenida, más aún en una familia de raíces mediterráneas. También es un poco brusco que Irene y Max lleguen a tal punto de pasión con un breve encuentro, pero esto podría colar como parte de los códigos aceptados del género.

Por estas cuestiones, ‘Odio entre hermanos’ queda lejos de ser una obra notable; parece un trabajo rutinario de un Mankiewicz que por esas fechas acaparaba los Oscar de ‘Carta a tres esposas’ y ‘Eva al desnudo’. Pero no es una mala película. El aire funesto impregna el metraje de cabo a rabo, por lo que se mantiene el interés de cuál será el destino del protagonista. Y para quienes busquen el sello Mankiewicz, un regalo: la introducción del flashback, un ascenso por la escaleras de la mansión Monetti que irradia un halo onírico que remite a ‘El fantasma y la señora Muir’. No es poca cosa.

CALIFICACIÓN
3 estrellas

Ficha técnica (+)

Título original: ‘House of Strangers’. Dirección: Joseph L. Mankiewicz. Guion: Philip Yordan, basado en una novela de Jerome Weidman. Reparto: Edward G. Robinson, Susan Hayward, Richard Conte, Luther Adler, Paul Valentine, Efrem Zimbalist Jr., Debra Paget, Hope Emerson, Esther Minciotti. Duración: 101 minutos. País: Estados Unidos.

Otras críticas

«…un drama familiar con resonancias shakesperianas y bíblicas, y en el que no faltan elementos del film noir» (Alberto Abuin, ‘Blog de Cine’). (+)

Este artículo tiene 1 comentario
  1. Hildy Johnson at

    Para mí solo por cómo realiza el flashback ya merece la pena un visionado de Odio entre hermanos. Además sentí que ahí estaban las raíces de El Padrino.
    Creo que me gustó más que a ti. Disfruto de cómo Joseph L. Mankiewicz cuenta cada una de sus historias

    Beso
    Hildy

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