‘Murmullos en la ciudad’ (1951)

‘Murmullos en la ciudad’ (1951)

Curt Goetz fue un dramaturgo suizo que hizo carrera como actor en Alemania, llegando a aparecer en las primeras películas mudas de Ernst Lubitsch. Emigró a Hollywood en 1939, cuando vio los problemas que le causaría su apellido judío en la Europa de Adolf Hitler. Instalado en la Meca del Cine, trabajó como guionista para la Metro. Pero la experiencia no le satisfizo a nivel personal y acabó mudándose a una granja de Van Nuys, California, con el noble objetivo de dedicarse a la cría de pollos. Al terminar la guerra volvió a Suiza y publicó algunas novelas y obras de teatro hasta su muerte, ocurrida el 12 de septiembre de 1960, cuando tenía 72 años.

En 1934, Goetz había estrenado la obra ‘Dr. med. Hiob Prätorius’, en la que criticaba la hipocresía de la sociedad que margina a quienes no comulgan con las ideas o la moral imperantes. Si la historia llamó la atención de Joseph L. Mankiewicz fue por una buena razón: en aquel momento era el presidente del Sindicato de Directores y acababa de ser acusado de comunista por Cecil B. DeMille, uno de los más firmes defensores del macarthismo. Por tanto, la obra de Goetz era un vehículo perfecto para construir una alegoría sobre la caza de brujas y salir en defensa de quienes, como él, habían sido víctimas de la paranoia republicana (cabe recordar que un año antes Mankiewicz ya había criticado otra lacra, la del racismo, en ‘Un rayo de luz’).

Dispersión

La intención de ‘Murmullos en la ciudad’ es buena, pero el resultado es una comedia dramática algo blandita y con un grave problema de dispersión. El protagonista, Noah Praetorius (Cary Grant), es un doctor que combina el análisis científico con otros métodos más propios de la psicología —e incluso la fe— para curar a sus pacientes, que están encantados con él. Esto provoca la envidia del profesor Elwell (Hume Cronyn), que decide investigar la vida privada de Praetorius para hallar algún asunto turbio con el que desacreditarlo.

Y no es por falta de sospechas. Los orígenes profesionales del doctor Praetorius son un misterio; además, da cobijo a un inquietante señor al que llaman Shunderson (Finlay Currie), del que nadie sabe nada; y, para colmo, ha empezado a cortejar a una de sus alumnas (Jeanne Crain), que se ha quedado embarazada de otro hombre. Pero nada de esto parece incomodar a Praetorius, al que los murmullos le resbalan por las solapas de su traje recién planchado. Él siente que no tiene ninguna necesidad de esconderse porque no juzga las elecciones de los demás, y aspira a ser tratado con idéntico respeto. El típico personaje intachable que Grant aborda con su típica sonrisa de suficiencia.

Con el objetivo de que la alegoría fuera evidente para cualquiera excepto para los censores, Mankiewicz apenas intenta mezclar las tres sospechas que recaen sobre el doctor Praetorius o introducir alguna sombra en su comportamiento pasado o presente; no digamos ya en las dudas que cualquier persona, por entera que sea, podría sentir ante los hechos que se le imputan. Uno puede tener la conciencia tranquila, pero el miedo de que la mierda le acabe salpicando debe estar ahí. Porque todos tenemos trapos sucios que preferiríamos que no salieran a relucir (y Cary Grant bien sabía eso).

A ello hay que sumar el tono indefinido de la película, que se tambalea entre la comedia juguetona y el drama más terrible sin encontrar un equilibrio. Exceptuando a Shunderson, el resto de secundarios son totalmente irrelevantes, con mención especial para el amigo íntimo de Praetorius y para su futuro suegro, en los que Mankiewicz malgasta un tiempo precioso. Sorprende la dirección rutinaria y el guion tan esquemático del director, más preocupado en meter la moraleja con calzador que en crear una obra cinematográfica perdurable. Ni rastro de sus normalmente ingeniosos diálogos.

Ignoro si el film logró que Joseph McCarthy pasara una mala noche, pero estoy casi seguro de que los acusados en la caza de brujas no hallaron en él consuelo ni inspiración.

CALIFICACIÓN
1,5 estrellas

Ficha técnica (+)

Título original: ‘People will talk’. Dirección y guion: Joseph L. Mankiewicz, basado en una obra teatral de Curt Goetz. Reparto: Cary Grant, Jeanne Crain, Finlay Currie, Hume Cronyn, Walter Slezak, Sidney Blackmer, Basil Ruysdael, Katherine Locke. Duración: 110 minutos. País: Estados Unidos.

Otras críticas

«El film avanza a trompicones, con un ritmo irregular, y eso choca directamente con unos diálogos que van a la velocidad del rayo» (Alberto Abuín, ‘Blog de Cine’). (+)

«…no es la película más brillante de Mankiewicz pero sí tiene mucho que decir y se la puede analizar y diseccionar para que surjan sorpresas varias. Y sobre todo tiene un personaje inolvidable, el señor Shunderson con su perro Belcebú» (‘El blog de Hildy Johnson’). (+)

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