‘Los archivos del Pentágono’ (2017)

‘Los archivos del Pentágono’ (2017)

‘Los archivos del Pentágono’, la nueva película de Steven Spielberg, se estrena en una época de crisis del periodismo. La libertad de prensa está amenazada por la censura incluso en países tan dados a llamarse tolerantes como Estados Unidos, donde el inquilino de la Casa Blanca bombardea desde su cuenta de Twitter a los medios que osan publicar informaciones contra su gestión. Pero no hace falta irse tan lejos: en España tenemos un presidente plasma capaz de convocar ruedas de prensa sin preguntas. Súmenle a ello la crisis galopante de un sector enfangado en el cambio del modelo de producción desde principios de siglo, con redactores trabajando en regímenes de esclavitud bajo la dictadura del clickbait y temerosos de ofender a la mano que les da de comer. ¡Ah, periodismo! Cuanto más repito la palabra, más me parece un oficio del siglo XX; como el crítico de cine al que se refería Guillermo Cabrera Infante, sí, pero también como el pregonero o el afilador. Un oficio que languidece entre la pompa y el jabón de los community managers, publicistas y comunicadores corporativos. Estamos como para hablar de ética.

Pero ahí viene Spielberg al rescate. O eso intenta. Porque, muy a mi pesar, ‘Los archivos del Pentágono’ logra su objetivo a medias. La factura de la película es impecable, con varios puntos que reafirman la clase de su director. Pero si su intención era remover las conciencias de los dirigentes, si quería inspirar a una nueva generación de redactores que pusieran contra las cuerdas a los corruptos de lo público, es un pequeño fracaso. O un bonito fracaso, viendo el vaso medio lleno. Durante la mayor parte de la historia no tuve la sensación de asistir a un ensayo de cómo debería ser o para qué sirve el periodismo, sino de cómo fue en su época de esplendor, que por un consenso un tanto americanizado situamos en la década de los setenta. ‘Los archivos del Pentágono’ es la nostalgia de que cualquier tiempo pasado fue mejor, lo que también es discutible. Y si yo la vi así, que salí de la facultad hace trece años, quienes estén cursando la carrera ahora pensarán que es tan anticuada como las chapas que nos pegaban los periodistas prejubilados cuando éramos becarios.

Se nos está enfriando Spielberg entre loas a la honradez política (‘Lincoln’, 2012) y retratos edulcorados (‘El puente de los espías’, 2015). Es como si en el tramo final de su carrera —tiene 71 años, aunque ojalá llegue a los 100— quisiera centrarse en apuntalar su filmografía con títulos que le dieran empaque, aunque no le hacía puñetera falta. Lo peor es que en ‘Los archivos del Pentágono’ las intenciones se le ven de lejos. La película es de una previsibilidad alarmante no ya por el desarrollo de los hechos, que es el que es y no tiene vuelta de hoja, sino porque uno sabe perfectamente dónde está el twist y dónde empieza el clímax. Las frases grandilocuentes llegan con la sutileza de un elefante en una cacharrería, la música de John Williams (Dios me perdone) imprime una épica desmedida, y Spielberg te enchufa el mensaje a lo bruto, como cuando mi madre me endiñaba el plato de garbanzos.

Los archivos del Pentágono (2017)

La erótica del papel

Claro que en una película de Spielberg siempre hay vestigios de su maestría. No pasa de moda su capacidad para conseguir imágenes potentes con la cámara, con un clasicismo exquisito y sin renunciar a la ironía visual. Es brillante la forma en que aborda lo que podríamos denominar la erótica del papel, es decir, cómo dota de entidad, de magnetismo, a los objetos que conforman el mundo periodístico. La manera como los personajes se acercan a los documentos secretos del gobierno se asemeja a la de Indiana Jones frente al arca perdida, o a la del paleontólogo Alan Grant acariciando los huevos de velociraptor. Una mística reflejada también en la elevación de las rotativas, sensuales como serpientes de cascabel, o en esa rápida sucesión de contrapicados que en un abrir y cerrar de ojos explican el poderío y la petulancia que definen al New York Times. Spielberg se nos está enfriando, pero todavía tiene claro que el cine es imagen y que la imagen debe ser narrativa incluso en filmes donde los personajes hablan por los codos.

‘Los archivos del Pentágono’ nos otorga además el placer de ver juntos por primera vez a dos de los mejores actores de los últimos treinta y cinco años: Tom Hanks y Meryl Streep. Podría citar cinco, seis o diez interpretaciones mejores de cada uno, pero no hay duda de que Spielberg los dirige bien. Sobre todo a Streep, cuyo talento natural dota de humanidad a Kay Graham, inesperada heredera del Washington Post en un momento crítico (está a punto de salir a bolsa y convertirse en un periódico de tirada nacional); una mujer que sólo sabe de periodistas (calcula las acciones en redactores, no en dólares) y que tiene el hándicap añadido de que esta profesión, como diría Leticia Dolera, es un campo de nabos. Streep llega a salvar una escena donde muchas actrices habrían naufragado porque está insertada con la calculadora emocional de Spielberg en vez de con la finura de muchos de los diálogos. Por su parte, Hanks le da a Ben Bradlee ese puntito de socarronería tan sugerente, el esbozo de caricatura de un viejo zorro que gana al espectador desde su primera aparición en pantalla.

Nada que reprochar, pues, al dominio narrativo, al ritmo, a las interpretaciones. Como dije al principio de la crítica: ‘Los archivos del Pentágono’ tiene una factura impecable. Lo que falla es el mensaje. Spielberg ha perdido una oportunidad de establecer un puente con el mundo de hoy en lugar de limitarse a rodar la precuela de ‘Todos los hombres del presidente’ (lo que, para mi sorpresa, ha entusiasmado a muchos críticos). Y no es que yo sea derrotista sobre el futuro del periodismo. Esta profesión seguirá adelante aunque esté perseguida, aunque sea pobre, aunque sea precaria. De hecho así ha sido antes y después del caso McNamara o del escándalo Watergate (lo digo porque parece que ahí se acabó la historia). Pero ‘Los archivos del Pentágono’ no será una contribución a la supervivencia del periodismo, sino un vanidoso recuerdo con cierto olor a naftalina.

CALIFICACIÓN
3 estrellas

Ficha técnica (+)

Título original: ‘The Post’. Dirección: Steven Spielberg. Guion: Liz Hannah y Josh Singer. Reparto: Meryl Streep, Tom Hanks, Sarah Paulson, Bob Odenkirk, Tracy Letts, Bradley Whitford, Bruce Greenwood, Matthew Rhys, Alison Brie, Carrie Coon, Jesse Plemons, David Cross, Michael Stuhlbarg, Curzon Dobell. Duración: 116 minutos. País: Estados Unidos.

Otras críticas

“Muy bien dirigida, con un reparto inspiradísimo y una recreación histórica a la altura. Solamente le falta ese chispazo de genialidad para situarla entre las más grandes” (Mikel Zorrilla, ‘Espinof’). (+)

“No hay pues sorpresas, sino una prolongada cadencia de clímax orales (…) Spielberg lo observa todo sin acidez, convencido, como ya demostró en su biopic sobre Abraham Lincoln, que el sistema democrático tiene fallos pero sigue siendo sólido” (Quim Casas, ‘El Periódico de Catalunya’). (+)

“Spielberg se limita a saciar de forma tan meticulosa como predecible cada uno de los anhelos del espectador” (Luis Martínez, ‘El Mundo’). (+)

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