‘Los 400 golpes’ (1959)

‘Los 400 golpes’ (1959)

Si alguien podría haber estado más orgulloso de ‘Los 400 golpes’ que François Truffaut, ése habría sido el crítico de cine André Bazin, fallecido cinco meses antes del estreno. Porque la película recoge todos los valores que Bazin había promulgado acerca del séptimo arte en la revista ‘Cahiers du Cinéma’ desde principios de los cincuenta: el tratamiento realista, una fingida espontaneidad y una mirada propia que sitúa al director como epicentro de su obra igual que el escritor lo es de su novela. A pesar de que otras películas ya habían apuntado antes hacia ese objetivo, ‘Los 400 golpes’ fue la primera que obtuvo repercusión internacional; la suficiente como para decir que con ella nació la Nouvelle Vague, el cine de autor en su máxima expresión. Bazin no vivió para verlo, pero Truffaut rindió tributo a su legado en los créditos iniciales del film.

El tema principal de ‘Los 400 golpes’ es el tránsito de la infancia a la adolescencia. A través de los ojos de Antoine Doinel (Jean-Pierre Léaud), vamos sintiendo la pérdida de libertad que supone asomarse al mundo de los adultos. Antoine —alter ego de Truffaut— busca una y otra vez la manera de esquivar la represión a la que está sometido; no quiere corromperse, ni ponerse del lado de las tres instituciones que el director desmitifica: la escuela, la policía y la familia. Así, junto a su inseparable amigo René (Patrick Auffay), Antoine descubre otro París: el de los cines, los parques de atracciones y los jardines desiertos. Pero también conocerá el precio que hay que pagar por rebelarse ante la vida impuesta.

Una lucha hermosa

Podríamos decir que el primer largometraje de Truffaut es una película de aventuras urbanas con una gran dosis de crítica social. Por ejemplo, el director cuestiona la utilidad de un sistema educativo basado en el orden, la disciplina y el respeto a los clásicos, pero que se olvida de fomentar el espíritu creativo de los alumnos. En paralelo, Truffaut carga contra la escasa iniciativa del estado a la hora de ayudar a chicos como Antoine, que necesita a alguien que se preocupe por las razones de su mala conducta —un hogar miserable, una madre sin afecto, un padre ausente— pero que sólo obtiene el castigo como respuesta. Y es hermosa la lucha de Antoine por ser uno mismo, como hermosa es su carrera hacia la playa, hacia el mar, aunque esa última mirada a cámara nos recuerde que nunca podrá permitirse bajar los brazos.

A nivel formal, ‘Los 400 golpes’ se caracteriza por una mirada muy cercana a los personajes, un estilo casi documental que también formaría parte de la mayoría de obras de la Nouvelle Vague. Truffaut va cámara en mano o hace uso del travelling para contagiar el nervio y la rabia de Antoine, así como para contextualizar un París colapsado por los Citroën. Los cortes abruptos entre escenas refuerzan su dinamismo, y los diálogos ganan naturalidad a través de la improvisación (el interrogatorio de la psicóloga es ejemplar). Al igual que Antoine Doinel, Truffaut quiere romper el molde, salirse de los cánones vigentes. Pero que nadie se equivoque: detrás de ‘Los 400 golpes’ hay un guion y un mensaje que evitan el discurso gratuito de películas de la misma ola como ‘Al final de la escapada’ (Jean-Luc Godard, 1960).

Truffaut estrenó ‘Los 400 golpes’ en el Festival de Cannes, donde ganó el premio al mejor director con apenas 27 años. Después llegaría el premio del Círculo de Críticos de Nueva York y la nominación al Oscar en la categoría de mejor guion original. Dejando a un lado los gustos de cada uno —yo prefiero por lo menos otras cinco películas de 1959 antes que ésta— no hay duda de que es una de las óperas primas más influyentes de la historia del cine.

CALIFICACIÓN
4 estrellas

Ficha técnica (+)

Título original: ‘Les quatre cents coups’. Dirección: François Truffaut. Guion: Marcel Moussy y François Truffaut. Reparto: Jean-Pierre Léaud, Claire Maurier, Albert Rémy, Guy Decomble, Georges Flamant, Patrick Auffay, Daniel Couturier. Duración: 92 minutos. País: Francia.

Otras críticas

«…uno de los puntos de inflexión de la historia del cine» (Edgar Javier Mauricio Cerdán, ‘Cinestonia’). (+)

«…mantiene su pureza fílmica intacta, siendo una propuesta modélica en la descripción psicológica y afectiva de un infante» (Manu Argüelles, ‘El espectador imaginario’). (+)

Este artículo tiene 1 comentario
  1. Hildy Johnson at

    Querido Victor, cómo me gusta Los 400 golpes… siempre regreso a ella con placer. Y nunca olvido esa mirada congelada de Antoine Doinel.
    Y qué gran personaje y cómo Truffaut le hizo crecer ante nuestros ojos en varias películas más que son una delicia. Supimos que fue de aquel niño que corre, corre sin parar hacia el mar.
    Beso
    Hildy

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