‘Lady Bird’ (2017)

‘Lady Bird’ (2017)

Greta Gerwig lleva sonando en el cine independiente de Estados Unidos desde hace años, sobre todo desde que en 2014 fuera nominada al Globo de Oro a la mejor actriz por ‘Frances Ha’ (dirigida por su marido, Noah Baumbach). Asociada al movimiento mumblecore, palabra no exenta de ironía con la que se define a un subgénero indie en el que se encuadran filmes de bajo presupuesto, con guiones parlanchines y miradas naturalistas, Gerwig se lanzó a la dirección en solitario en 2017 con ‘Lady Bird’. Y es inevitable hacer un paralelismo entre su salto profesional y el que protagoniza el personaje de Saoirse Ronan, una adolescente con ínfulas (o una adolescente a secas) que afronta su último curso en un instituto católico de Sacramento con la esperanza de escapar a alguna universidad de Nueva York. Gerwig nació en Sacramento y estudió en un instituto católico, así que en su historia hay tintes autobiográficos a la hora de esbozar el contexto; no tanto en la composición del personaje porque, según ha declarado la directora, no se parece demasiado a ella.

‘Lady Bird’ aborda un tema que ya ha sido retratado muchas veces en el cine: la rebeldía de la adolescencia, las ganas de tener el control de tu vida y las dudas que se ciernen cuando estás a punto de abandonar el nido para echar a volar. Películas como ‘Las vírgenes suicidas’ (1999), ‘Ghost World’ (2001), ‘Juno’ (2007), ‘Una educación’ (2009) o ‘La familia Bélier’ (2014) ya han abordado desde diferentes perspectivas femeninas el coming-of-age o la transición de la adolescencia a la adultez, y eso ciñéndonos a las últimas dos décadas. Pero es que éste es uno de los grandes temas universales, por lo que no importa las veces que nos hablen de ello si se evitan los clichés o los plagios. Y eso es lo que consigue Greta Gerwig en ‘Lady Bird’. Su mirada es poliédrica, fresca y nada pretenciosa: aunque la prota tiene los humos propios de la edad, el guion la mantiene siempre con los pies en el suelo. Claro que es extravagante, poco común; pero es que si fuera una adolescente ordinaria como hemos sido la mayoría, ¿qué interés tendría dedicarle una película?

Pocas actrices mejores que Saoirse Ronan para dar vida a una chica que reniega de su nombre real, de su aburrida ciudad, del raro de su hermano, de la plasta de su madre y de la gorda de su amiga. En realidad, Lady Bird no puede avanzar sin todos estos elementos porque, lo quiera o no, han forjado su personalidad. Son sus orígenes. Y para ser adultos tenemos que aprender a reconocer que, sin ellos, no seríamos quienes somos. Es inútil quitarse la mochila, hacer borrón y cuenta nueva y fingir que no éramos esa persona que ahora nos avergüenza. Sólo así podremos cambiar, sólo así podremos madurar. Ronan encarna a la perfección a una chica que quiere ser adulta pero no sabe cómo, y que tras cada bofetón busca refugio en la trinchera de la infancia. Sabemos que logrará su objetivo y que eso la hará feliz, pero también que llegará al final con la ropa hecha jirones.

La madre tenaz

Gerwig maneja la película con sencillez, como si en el fondo supiera que el trance tampoco es para tanto y tuviera miedo de sublimar algo tan ordinario. Hace bien. La directora deja que la historia fluya sin más, que sea Lady Bird quien vaya interactuando con los personajes que conforman su mundo. Por supuesto destaca la relación con la madre, en la que muchas chicas se verán reflejadas o al menos así lo están expresando en las redes sociales. Una madre tenaz, pragmática y sincera; firme como el palo de una escoba, aunque el miedo la corroa por dentro o se emocione con el audiolibro de ‘Las uvas de la ira’. Y una madre que cuenta con una interpretación superior incluso a la de Saoirse Ronan: la de Laurie Metcalf, nominada al Oscar a la mejor actriz de reparto. Metcalf y Ronan reflejan que la incomunicación en la etapa adolescente no suele equivaler al escaso intercambio de palabras, sino a la falta de confianza o al nulo entendimiento de los deseos de la otra parte.

Sí, está muy bien ‘Lady Bird’ y es un estupendo debut para Greta Gerwig. No como para ganar el Oscar al cual estuvo nominada, que conste, pero sí para darle un notable alto. Su saber hacer se canaliza principalmente a través de un guion ágil, irónico y tierno, nada condescendiente, escrito de su puño y letra. Sólo hubo dos cosas que no me gustaron. Una, que las interacciones de Lady Bird dejan en suspenso algunas vías que Gerwig parece haberse arrepentido de explorar: el caso del profesor de música es el más sangrante, pues su evolución llega muy lejos como para quitarnos el placer de saber más de él. Y dos, que el retrato del padre interpretado por Tracy Letts, aun siendo verídico (imagino que muchas chicas también se ven representadas), es un poco indulgente. Ahora bien, el final es magnífico: el aeropuerto, las cartas en la maleta y la borrachera de iniciación. Tópico pero humano, y con el tono perfecto. Porque, aunque nuestra historia esté en las antípodas de ‘Lady Bird’, uno se reconoce en la desazón que invade a la protagonista cuando ve colmados sus deseos.

CALIFICACIÓN
4 estrellas

Ficha técnica (+)

Título original: ‘Lady Bird’. Dirección y guion: Greta Gerwig. Reparto: Saoirse Ronan, Laurie Metcalf, Tracy Letts, Lucas Hedges, Timothée Chalamet, Beanie Feldstein, Lois Smith, Stephen Henderson, Odeya Rush, Jordan Rodrigues, Marielle Scott. Duración: 94 minutos. País: Estados Unidos.

Otras críticas

«Un catálogo completo dividido en escenas precisas, en su tiempo justo. Lo que cuenta no me parece tan interesante como la sencillez con que lo cuenta» (Quim Casas, ‘El Periódico’). (+)

«…la sensibilidad y el humor con el que Gerwig maneja la propuesta evidencia la existencia de una autora con una voz clara y concisa» (Daniel Martínez Mantilla, ‘Fotogramas’). (+)

«…vale la pena sacudirse el déjà vu y recordar lo dificilísimo que es encontrar historias tan bien enfocadas y contadas» (Desirée de Fez, ‘El Español’). (+)

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