‘La piel dura’ (1976)

‘La piel dura’ (1976)

Calculo que los niños de ‘La piel dura’ deben de tener hoy entre 45 y 55 años. Muchos se habrán casado, habrán tenido hijos y puede que nietos. Alguno, quizá, ha fallecido prematuramente. Ninguno, que yo sepa, ha hecho carrera como actor. Pero seguro que todos y cada uno de ellos se sienten orgullosos de haber participado en esta película de François Truffaut, una exaltación de la infancia que reivindica la educación, la libertad y la felicidad como derechos que deberían ser inherentes a la condición de ser niño o niña en cualquier país del mundo.

El tema de la infancia es recurrente en la filmografía de Truffaut —los ejemplos más claros son ‘Los 400 golpes’ (1959) y ‘El pequeño salvaje’ (1970)— ya que el director francés era hijo de una madre conflictiva y un padre al que estuvo buscando hasta más allá de los treinta. Fue un niño sin arraigo, virtualmente huérfano, al que quizá le habría gustado tener una infancia más convencional, como la de los niños de Thiers. Por eso, en ‘La piel dura’ transforma esta pequeña localidad del centro de Francia en una suerte de Arcadia donde la infancia se impone al rígido mundo de los adultos. Los conflictos y las obligaciones se esquivan entre bromas y travesuras, y la vida fluye tranquila y alegre como un riachuelo deslizándose por la montaña.

El guion sitúa en el mismo nivel a niños y adultos, otorgando a los pequeños el protagonismo que, a juicio de Truffaut, deberían tener en la vida real. En este punto cabe detenerse en la escena más recordada de la película, aquella en la que el bebé Grégory se cae por la ventana después de hacer equilibrios sobre el alféizar. Es una escena absolutamente inverosímil, pero que se circunscribe al código feliz de la película y compone una metáfora subrayada en la escena posterior por la mujer embarazada: los niños lo aguantan todo porque tienen la piel dura y el corazón blando. Justo al revés que los adultos.

La mala educación

Truffaut recupera igualmente la crítica al sistema educativo abriendo varios frentes. Por ejemplo, con el personaje de Julien Leclou, el marginado del que nadie se ocupa hasta que salen a la luz las pruebas del maltrato doméstico. Pero el director también critica la ineficacia de la disciplina férrea en las aulas, las carencias de los libros de texto y los ejercicios de repetición como métodos de enseñanza. En su lugar, destaca la imaginación de los niños para resolver problemas, basada en la inexistencia del miedo a equivocarse, y su capacidad para asumir responsabilidades que, por edad, no les corresponden.

Otro de los temas importantes del film es el despertar sexual de los niños; un despertar inocente, camuflado en juegos y bromas, pero sobre todo en la curiosidad que siempre tienen hacia aquellos asuntos que los adultos consideran tabú: el primer beso, los cuerpos desnudos, la sensación de estar enamorado.

La cámara recoge las peripecias de los niños de ‘La piel dura’ con una frescura prodigiosa, limitándose a ser testigo de sus vidas y dotando a la película de un aire documental. La planificación de las escenas es la justa y necesaria para que haya un hilo conductor entre las historias de los críos, pero al tratar con niños (y más con unos que no eran actores) se gana espontaneidad e improvisación. Es como si las imágenes tuvieran textura, como si en vez de estar delante de la pantalla estuviéramos mirando por una ventana. Pero ojo, es importante subrayar que Truffaut no filma cómo es la infancia, sino cómo debería ser; un deseo plasmado en el discurso del profesor Richet (Jean-François Stévenin), cuyas palabras se graban a fuego en la memoria del espectador al final de esta preciosa película.

CALIFICACIÓN
5 estrellas


Ficha técnica (+)

Título original: ‘L’argent de poche’. Dirección: François Truffaut. Guion: François Truffaut y Suzanne Schiffman. Reparto: Nicole Félix, Chantal Mercier, Jean-François Stévenin, Virginie Thévenet, Tania Torrens, René Barnerias, Katy Carayon, Jean-Marie Carayon, Michel Dissart y los niños de Thiers. Duración: 104 minutos. País: Francia.

Otras críticas

“Es sencilla, fresca, espontánea… como sus protagonistas. Y sobre todo se nota la mirada de un hombre que los quería, los entendía y los respetaba” (‘El blog de Hildy Johnson’). (+)

“…una auténtica delicia que mezcla con atino y talento la comedia costumbrista con el drama generacional en un marco de cine de historias y destinos cruzados” (Rubén Redondo, ‘Cine Maldito’). (+)

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