‘La La Land’ (2016)

‘La La Land’ (2016)

El musical ha muerto, viva el musical. Como ocurre con el western, se trata de un género al borde de la extinción que de vez en cuando pega algún coletazo para recordarnos que sigue vivo. El último en reanimarlo ha sido Damien Chazelle con ‘La La Land’, película que con sus 14 nominaciones al Oscar ha igualado los récords de ‘Eva al desnudo’ y ‘Titanic’. Ahora la duda está en saber si conseguirá batir el récord de 11 estatuillas que comparten ‘Ben-Hur’, ‘Titanic’ y ‘El señor de los anillos: El retorno del rey’. Nada que objetar a los premios y las alabanzas que está recibiendo desde su estreno; eso sí, no estoy seguro de que todos hayamos sacado la misma lectura de la historia que protagonizan Ryan Gosling y Emma Stone. Que por otro lado es lo que tienen las buenas películas, que se prestan a diferentes miradas. Y aquí va la mía.

Coincido con la mayoría: ‘La La Land’ es una película muy bonita. Tan bonita, que duele. Porque bajo su envoltorio de inofensivo romanticismo se esconde un bocado amargo acerca de la consecución de nuestros sueños. De hecho, ‘La La Land’ no es cien por cien soñadora, ni cien por cien nostálgica: el mazo de la realidad anda al acecho y nos golpea cuando tenemos las defensas más bajas. El sueño se desvanece y su lugar lo ocupan unos temas incómodos, impropios de un musical que bebe de los clásicos; temas que Chazelle ha ido deslizando sin que nos demos cuenta, como la necesidad del aplauso, del éxito profesional, o la aceptación de que los costes personales son ineludibles para alcanzar estos objetivos (véase ‘Whiplash’). Normal que a Paulo Coelho no le haya gustado, lo que por otra parte es un aliciente más para ir a verla.

Esta lectura no le quita un ápice de preciosidad a ‘La La Land’; al contrario, la enriquece y la hace diferente. Es romántica, pero también superficial. Es respetuosa con los clásicos, pero realista: a nadie le importan ya los orígenes del cine (a mí sí), pocos saben qué representa la pureza del jazz (yo tampoco). Y ante todo —creo que lo más importante— Chazelle no juzga las decisiones que toman los protagonistas; de ahí esa impresionante pirueta final, precedida de una acertadísima elipsis, que sirve para que cada uno se imagine lo que ha ocurrido con Mia y Sebastian y no pueda, aunque quiera, criticar los caminos que han elegido. Es un final alegre, y triste, y tierno, y duro, y optimista, y resignado. La mirada será más o menos oscura en función del espectador.

'La La Land' (2016)

Un musical sinuoso

‘La La Land’ integra con harmonía un montón de referencias a los grandes musicales de la historia del cine, pero no tiene la (bendita) ingenuidad de aquellos ni sigue los cánones del género. Es un musical sinuoso, que pocas veces rompe en un gran número coral como el del inicio, y del que pocas letras van a pasar a la posteridad. No lo digo como crítica. Más allá de que Ryan Gosling y Emma Stone no le lleguen a Gene Kelly ni a la suela de sus zapatos de claqué, ‘La La Land’ se desmarca intencionadamente, para que el homenaje quede en eso, y no en un pastiche indigesto. Chazelle plantea una estructura delicada en la que de vez en cuando aflora la melodía de Mia & Sebastian como leitmotiv de su agridulce relación. Y es maravillosa. Pero, para coreografías épicas y estribillos pegadizos, mejor volver a ‘Una cara con ángel’, ‘Cantando bajo la lluvia’ o ‘West Side Story’.

Ryan Gosling va justito de voz, pero lo suple con un encanto que le viene de serie; es de esos actores que con la mirada baja y un flequillo rebelde desarman a cualquiera, al igual que James Dean en el observatorio de ‘Rebelde sin causa’. Además, goza de una escena mágica —aunque muy breve— con el ‘City of Stars’ de la pasarela. Emma Stone, qué voy a decir, está deliciosa en todas y cada una de sus apariciones, con un personaje de más registros y una canción (‘Audition’) que por su forma y contenido equivaldría al ‘I dreamed a dream’ de Anne Hathaway en ‘Los miserables’. Y muy destacable también el divertido papel de J.K. Simmons, quien te hace creer que el temible profesor de ‘Whiplash’ ha abierto su propio restaurante. Y ya sabemos lo que pasa cuando al profesor de ‘Whiplash’ le llevan la contraria.

Pero aún falta un personaje. Uno grande de verdad: Los Ángeles. Ciudad de cartulina y colorines, de una limpieza hipócrita; una implacable trituradora de sueños. Puede que sea la ciudad que mejor representa la filosofía de Estados Unidos, «donde todo se venera y todo se olvida», pero donde cualquiera, a fin de cuentas, tiene la oportunidad de hacerse rico y famoso. La ciudad de las estrellas, el lugar ideal para sacrificar todo lo que eres en pos de un sueño, sin sentirte culpable por lo que dejas atrás. Quema tus naves. Sé otra persona. Cómprate un Prius. A nadie le importa: yo te ayudaré. Porque lo único que quiere la gente de Los Ángeles es ver a alguien que demuestre pasión. Obsesión. Como Sebastian con el jazz, como Mia con la interpretación. Como Damien Chazelle con ‘La La Land’.

CALIFICACIÓN
4,5 estrellas

Ficha técnica (+)

Título original: ‘La La Land’. Dirección y guion: Damien Chazelle. Reparto: Emma Stone, Ryan Gosling, John Legend, J.K. Simmons, Rosemarie DeWitt, Tom Everett Scott. Duración: 128 minutos. País: Estados Unidos.

Otras críticas

«Una operación de nostalgia (dentro y fuera del relato) algo impostada» (Quim Casas, ‘El Periódico’) (+)

«…la película se mantiene apegada a ras de suelo pese a sus ansias de volar» (Manu Yáñez, ‘Fotogramas’). (+)

«Se la presenta como un musical, pero en realidad tiene poco de ello (…) la música queda solapada por la bellísima historia de amor que nos relata» (José Manuel Cuéllar Campoy, ‘Abc’). (+)

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