‘La gran belleza’ (2013)

‘La gran belleza’ (2013)

«La máxima ambición de Flaubert era escribir una novela sobre la nada», dice Jep Gambardella en uno de sus arranques de cinismo. Este parece ser igualmente el propósito de Paolo Sorrentino en ‘La gran belleza’, aunque la palabra nada, la combinación de letritas más hiriente del diccionario, nos da tanto vértigo que preferimos una definición más recargada. Ejemplo: «vacío existencial». Pero eso ya es algo, y la nada se caracteriza por no ser. La nada es como quedarse ciego, que decía Atreyu en ‘La historia interminable’. Sólo podemos evocarla a través de la imagen y las emociones, y es una apuesta arriesgada: se puede caer en el tedio y en la pedantería. Flaubert sólo tenía la palabra y quizá por eso no escribió su novela. En cambio, Sorrentino sale triunfante tras disertar sobre la nada durante 140 minutos hipnóticos. Bellísimos. Despiadados.

Roma es el escenario. Ciudad en eterna decadencia, llena de monumentos agrietados. Lugar de una belleza inabarcable que sólo aprecian los turistas, expuestos al síndrome de Stendhal. Por su parte, la burguesía romana duerme de día para entregarse al posterior desenfreno nocturno: sexo, drogas y bailes epilépticos con el último remix de Raffaella Carrà. ¿Es ‘La gran belleza’ una actualización de la dolce vita recreada por Fellini hace más de medio siglo? Mejor aún: es la resaca brutal del dolce far niente practicado por la alta sociedad; un puñado de esnobs que sólo quieren reír y divertirse, como niños hiperactivos, para esconder la vergüenza de estar vivo.

Jep Gambardella, interpretado por un excepcional Toni Servillo, acaba de cumplir 65 años. No es una fecha cualquiera. Han pasado cuarenta desde que publicó su primera novela. También fue la última. Vino a Roma buscando «la gran belleza», pero no la encontró. Se le secó la inspiración. Ha trabajado como periodista, ha conocido a multitud de personajes fatuos y ha cumplido su objetivo: «Ser el rey de los mundanos». Pero, muy a su pesar, Jep Gambardella va a enfrentarse a una introspección. Al vértigo de la nada. A preguntarse por qué no se atreve a aceptar el encargo de escribir su biografía.

Jep Gambardella. ¡Qué personaje! ¡Qué tremenda complejidad esconde la presunta simpleza con que lo describe Sorrentino! Jep pertenece a esa burguesía inflada de bótox, pero tiene una ventaja respecto a sus compañeros de orgía: es consciente. Sabe que lleva una máscara y no le echa la culpa a nadie, ni pone excusas, ni se justifica. Además, la experiencia le ha enseñado a desnudar las mentiras con las que otros se engañan a sí mismos o pretenden engañar a los demás. Es inteligente, y por eso no tolera que una artista conceptual se estampe de cabeza contra un acueducto porque así lo dictan sus «vibraciones», o que una novelista le dé lecciones de ética cuando es y ha sido una farsante. A su edad, Jep sólo quiere personas de verdad. Le da igual si son honradas, como su asistenta, drogadictas, como su amigo el del puticlub, o ladronas, como su vecino misterioso. Lo que le saca de quicio es la impostura.

'La gran belleza' (2013)

Pero cuanto más ahonda Jep en la falsedad de sus conocidos, más se acerca a la suya propia. Porque la honestidad de reconocer que se ha entregado a una vida superficial no es garantía de estar en paz consigo mismo. Es una sospecha que va calando por sus arrugas igual que se filtra el agua por las grietas del Coliseo. Momentos de zozobra en los que inevitablemente debe preguntarse si, a pesar de todo, no estará equivocado. Sorrentino apunta estas dudas con sutiles puñaladas que van minando las convicciones del protagonista. Una niña diciendo: «Tú no eres nadie». Unas lágrimas inesperadas al final de un entierro que podría ser el suyo. El recuerdo nostálgico del amor perdido. Una monja de 104 años que sólo come raíces «porque las raíces son importantes». En definitiva, el miedo a haber escogido un camino que no conduce a ningún sitio más que a la nada. Que no deja ni rastro.

Así, en busca de la gran belleza, Jep Gambardella concluye que se ha perdido la vida. Es un mensaje que la película de Sorrentino comparte con ‘Boyhood’, aunque el tono de la historia sea muy diferente porque Richard Linklater hablaba de la infancia y no de la vejez, cuando no queda tiempo para rectificar. No hay que morir persiguiendo la belleza o la gloria, sino disfrutando del viaje, como reza la frase inicial de Céline; paladeando esos momentos de felicidad intermitente que asoman de vez en cuando, y que pueden ir desde la primera vez que vimos desnuda a una mujer hasta el rumor de las olas del mar. Lo demás es «bla, bla, bla»; las fiestas, las congas que no llevan a ninguna parte, todo eso no es más que ruido para ocultar nuestras miserias. Excusas para no enfrentarse a nuestras emociones y a nuestros miedos.

La decisión de Sorrentino de fragmentar la película en escenas inconexas sirve para ahondar en esa idea. Mientras Jep sigue atrapado en su mundo ocioso, la vida discurre subterránea; sólo se deja ver en las transiciones, con las impresionantes imágenes de Roma, y en instantes fugaces que de vez en cuando asoman a la superficie. La banda sonora aporta la solemnidad necesaria para fundirse con los majestuosos vuelos de cámara, y la fotografía nocturna de Luca Bigazzi es un auténtico regalo para la vista. Además, aunque ‘La gran belleza’ sea propiedad de Jep Gambardella al noventa y nueve por ciento, hay otro personaje a destacar: Romano (Carlo Verdone), quien en su ridículo intento por huir de la resignación, no ha entendido que la vida es un truco tan indescifrable como el de la jirafa.

Ganadora del Oscar al mejor filme de habla no inglesa, del Globo de Oro, del Bafta y del David de Donatello, a ‘La gran belleza’ sólo le faltó la Palma de Oro del Festival de Cannes para completar un palmarés redondo (la culpa fue de otra gran película: ‘La vida de Adèle’). Pero, más allá de los premios y de lecturas profundas, ‘La gran belleza’ merece la pena por la experiencia. Por el viaje y por la sensación de que, después de verla, algo se ha removido en tu interior. Entenderlo o no, quizá sea algo que no esté al alcance de los seres mundanos.

CALIFICACIÓN
5 estrellas

Ficha técnica (+)

Título original: ‘La grande bellezza’. Dirección: Paolo Sorrentino. Guión: Paolo Sorrentino y Umberto Contarello. Reparto: Toni Servillo, Carlo Verdone, Sabrina Ferilli, Carlo Buccirosso, Iaia Forte, Pamela Villoresi. Galatea Ranzi, Giorgio Pasotti, Luciano Virgilio, Anita Kravos, Aldo Ralli, Giusi Merli. Duración: 140 minutos. País: Italia.

Otras críticas

«Da la sensación en ocasiones que la cámara es el ojo de Dios que contempla con pasividad, parsimonia y hasta cierta benevolencia la desintegración de su obra más preciada» (‘El balcón de la espera’). (+)

«’La gran belleza’ propone un viaje que transita por la senda que va la vida a la muerte, de lo frívolo a lo grave, de lo secular a lo sagrado» (Marco Antonio Núñez, ‘Cine Divergente’). (+)

«…no consiste meramente en un hipnótico festín visual, es una película compleja y reflexiva que logra una sublime armonía en todos los apartados del filme» (Alejandro Arranz, ‘Ojo Crítico’). (+)

Este artículo tiene 2 comentarios
  1. Sara Cobo at

    Es una de mis películas favoritas, tu crítica me parece impecable, no lo hubiera descrito mejor.

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