‘La condesa descalza’ (1954)

‘La condesa descalza’ (1954)

«El animal más bello del mundo», es decir, Ava Gardner, fue el reclamo principal de una de las películas más fallidas de Joseph L. Mankiewicz, aunque sea de las más conocidas por el gran público: ‘La condesa descalza’. Y no porque Mankiewicz tuviera como único objetivo la explotación del icono sexual que representaba la Gardner de los cincuenta; sino porque su intento de crear poesía visual degeneró en una película indolente, vacía de la pasión que requiere cualquier melodrama, metáfora de la frustración de un autor que no supo plasmar su idea por más que alargó el metraje.

Lo peor es que a Mankiewicz se le nota el empeño en el guion. Cada frase, cada diálogo, cada respuesta, están pensados para epatar. Para sentar cátedra y copar los recopilatorios de frases que han pasado a la historia del cine. Los personajes no hablan: recitan. Pero lo que en ‘Julio César’ era lógico por el contexto histórico y además quedaba bien gracias al excelso nivel de oratoria de su reparto, en ‘La condesa descalza’ da una sensación de anacronismo que ya tuvo que notarse en la época. Como decía, falta la pasión del melodrama: el insulto escondido, la ironía rebosante, las dagas voladoras de ‘Eva al desnudo’. Es como si Mankiewicz sólo se hubiera preocupado de escribir bonito, en lugar de escribir bien.

¿Tragedia? ¿Qué tragedia?

Y voy más allá: para mí, ni siquiera hay tragedia. Dicen que la historia de María Vargas se inspiraba en Rita Hayworth, pero ni de lejos provoca la misma emoción que la biografía de la protagonista de ‘Gilda’. La Vargas es una bailaora gitana que deja los tablaos de Madrid para embarcarse en el sueño de Hollywood, pero en su historia no hay un ápice de verdad; nada que haga indicar que ha sido engañada, o que se haya arrepentido de llevar limpias las plantas de los pies. Episodios como el juicio de su padre —una limpieza de conciencia en toda regla— sólo sirven para incidir en que la Vargas fue una buscona que nunca creyó en otra cosa que el dinero. Así que ya me diréis dónde está la tragedia.

Bueno, sí: la tragedia es que María Vargas está muerta. Lo vemos en el inicio, en el funeral a través del que se articula toda la película. De él nacen los flashbacks donde los hombres que convivieron con ella componen un retrato íntimo y presuntamente evocador. Pero si la idea era crear misterio acerca de su figura, sus pensamientos o sus deseos más profundos, eso es algo que Mankiewicz sólo consigue en el sugerente arranque, cuando la Vargas no es más que la brisa tras unas cortinas, la admiración en las pupilas de la gente o las uñas rojas de sus pies. El resto está narrado explícitamente y sin gracia por los amores de su vida; un relato descompensado, pues los recuerdos del director Harry Dawes (Humphrey Bogart) ensombrecen los del relaciones públicas Oscar Muldoon (el oscarizado y sudoroso Edmond O’Brien) o los del ricachón Alberto Bravano (Marius Goring).

Las envaradas interpretaciones masculinas —cómo olvidar al sosísimo conde Torlato-Favrini (Rossano Brazzi)— y el delirante tirabuzón final consuman el desastre de ‘La condesa descalza’. Al menos Bogart tira de oficio para enchufar cierta química a sus escenas de pagafantas con Gardner; la cual, dicho sea de paso, podría haberle insuflado un poquito más de intensidad a su tormento. Pero ya digo que la culpa principal no la tiene ella. Y tampoco soy partidario de buscar culpables cuando hablamos de una película de Joseph L. Mankiewicz, que tiene obras fantásticas en su filmografía. Pero es que ‘La condesa descalza’ me ha parecido tan embustera en su planteamiento y en su ejecución como esa lluvia que cae a ráfagas sobre la gabardina de Bogart o los decorados de baratillo de los estudios Cinecittà.

CALIFICACIÓN1,5 estrellas

Ficha técnica (+)

Título de la versión original: ‘The Barefoot Contessa’. Dirección y guion: Joseph L. Mankiewicz. Reparto: Humphrey Bogart, Ava Gardner, Edmond O’Brien, Marius Goring, Valentina Cortese, Rossano Brazzi, Elizabeth Sellars, Warren Stevens, Franco Interlenghi, Mari Aldon. Duración: 128 minutos. Países: Estados Unidos e Italia.

Otras críticas

«…es un batiburrillo extraño lleno de defectos pero que en su conjunto engancha hasta el delirio y entonces entramos en campos donde la razón no existe» (‘El blog de Hildy Johnson’). (+)

«En esta especie de revisión del tema de ‘La Cenicienta’, realidad y apariencia forman un todo compacto del que se desprenden diversos significados» (‘Fotogramas’). (+)

Este artículo tiene 3 comentarios
  1. Hildy Johnson at

    … Mi querido Victor, es una película para viajar por ella por el delirio y sin buscar la senda de la razón. Jajaja, yo fíjate que la tengo bastante cariño pese a su imperfección. Siempre que la veo me pierdo por ella. Me dejo llevar y mecer, y la disfruto. Y uno de los caminos más apasionantes es la identificación entre María Vargas y la propia Ava Gadner. Hay otro personaje además del de Bogart que está también muy bien construido… el de Edmund O’Brien.
    Tiene uno de los momentos musicales más delirantes… ese baile de Ava en un campamento gitano…
    Y Mankiewicz sabe dejar una imagen crítica de Hollywood y también de una jet set y aristocracia europea que agoniza…

    Beso
    Hildy

  2. Víctor Guerrero Author at

    Querida Hildy: he visto dos veces ‘La condesa descalza’ y la segunda vez me pareció… ¡peor que la primera! Ojalá pudiera entrar en ella y mecerme como tú has hecho, pero no lo consigo. Entiendo que Ava Gardner pudiera sentirse reflejada en María Vargas, con esos aires bohemios de los que ya había hecho gala en ‘Pandora y el holandés errante’ (otra película que no soporto). Pero creo que Mankiewicz quiso darle un tono poético, trascendente, y desbarró por completo. Quizá no debería haberse tomado la historia tan en serio, y entonces la habríamos disfrutado como tú dices, como una rareza kitsch o una película de culto.

    Besos.

  3. Rafael at

    Desde mi punto de vista es un trabajo fallido del director. La trama no consigue atrapar al espectador, que prácticamente va pidiendo el tiempo en muchos tramos de la película para que acabe. El director es de primer nivel, los actores principales también pero al resultado final de la obra, le falta intensidad, y que la historia enganche cosa que ocurre mínima e intermitentemente. Aunque soy un devoto de Ava y Humprhey, es de los trabajos menos representativos de ambos, aunque sus aportaciones sean de lo más salvable de la película.

    Para quien no la haya visto, merece al menos un visionado y despues que cada uno según lo contento que se haya quedado pues le otorgue el lugar que considere oportuno.

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