‘Juegos salvajes’ (1998)

‘Juegos salvajes’ (1998)

Tengo serias dudas de que el propósito de John McNaughton con ‘Juegos salvajes’ fuera hacer una parodia de los thrillers de los noventa; películas que combinaban guiones delirantes, asesinatos y soft-porn con el objetivo de recaudar unos cuantos millones de dólares en las taquillas de todo el mundo. Pero eso es lo que me pareció cuando la vi por primera vez, hace diecinueve años (no me siento orgulloso, casi nos echan de la sala por las risas). Y aunque pensaba que entonces las hormonas de la adolescencia me habían jugado una mala pasada, al volver a verla he sentido la misma vergüenza ajena. Mala señal.

‘Juegos salvajes’ se basa en un guion original de Stephen Peters (del que ni antes ni después se ha vuelto a saber nada) y tiene como protagonista a Sam Lombardo (Matt Dillon), un consejero estudiantil de los cayos de Florida que lleva puesto el cartel de follador desde el minuto uno. Lombardo despierta la admiración de los machos y la líbido de las hembras, tanto de las pijas del instituto como de las maduritas cachondas. Hasta que un día dos chicas denuncian haber sido violadas por él: Kelly Van Ryan (Denise Richards), hija de un matrimonio forrado de pasta, y Suzie Toller (Neve Campbell), una pseudoemo que malvive en una caravana.

Nada es lo que parece en este triángulo de pasiones, como pronto descubrirá el sargento Ray Duquette (Kevin Bacon). Un caso sencillo de resolver se vuelve cada vez más oscuro, cada vez más enrevesado, hasta el punto de no saber quién miente y quién dice la verdad. Estos giros de trama son tan bruscos, buscan tan descaradamente el golpe de efecto, que corren el peligro de que el espectador se los tome a guasa. Que es lo que me pasó a mí. Y es una sensación que no mejora aunque en los créditos finales el guionista rellene los huecos que se ha ido dejando. Habría preferido que los giros fueran más sutiles e integrados en la película.

Tetas, tetas everywhere

Para el recuerdo queda la escena del trío entre Matt Dillon, Neve Campbell y Denise Richards. Según Campbell, que venía de triunfar con ‘Scream’ (Wes Craven, 1996), los tres tuvieron que emborracharse con tequila para calmar los nervios. En el caso de Denise Richards, el director no escatima esfuerzos a la hora de convertirla en una buenorra desequilibrada, centrando la cámara en sus pechos operados de forma más o menos gratuita: al desnudo, en la escena del trío; con camiseta mojada; con un bañador marcapezones; o con un sujetador a punto de reventar. Tetas, tetas everywhere. Pero sólo las de Richards, ya que Campbell las tenía censuradas por contrato.

Esta parte es la que más se asemeja a una parodia (me niego a creer que McNaughton jugara a buscar la sensualidad de la actriz; no puede ser tan mal director). Tampoco creo que George S. Clinton sea un compositor tan pésimo como atestigua su risible banda sonora; o sea, que también debe ser una parodia. Pero nada, que no consigo salir de dudas. Menos mal que Bill Murray entra en acción encarnando a un picapleitos la mar de divertido, adelantándose unos cuantos años al de ‘Better Call Saul’ o similar al Lionel Hutz de ‘Los Simpson’.

Tanto Murray como su personaje son de lo poquito rescatable de ‘Juegos salvajes’, una película que se limita a poner el acento en los peores clichés de los noventa, sin atreverse a ser cómica, ni irónica, ni apostar por algo más negro, pero que sin embargo tiene los bemoles de recrearse en la humillación de la pobre detective Pérez (Daphne Rubin-Vega). Una locura.

CALIFICACIÓN
2 estrellas

Ficha técnica (+)

Título original: ‘Wild Things’. Dirección: John McNaughton. Reparto: Matt Dillon, Neve Campbell, Kevin Bacon, Denise Richards, Theresa Russell, Daphne Rubin-Vega, Robert Wagner, Jennifer Bini Taylor, Bill Murray, Eduardo Yáñez, Skeet Ulrich. Duración: 108 minutos. País: Estados Unidos.

Otras críticas

«Absurdo de arriba a abajo (…). Simplemente cabreante» (Mr. Arkadin, ‘Encadenados’). (+)

«Es una basura sensacionalista con una trama tan retorcida que te la tienen que explicar en los créditos finales. Es como una colisión a tres bandas entre una película de sexo suave, una telenovela y un noir de serie B. Me gustó» (Roger Ebert). (+)

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