‘Frenesí’ (1972)

‘Frenesí’ (1972)

El humor de Alfred Hitchcock era una mezcla de flema y mala uva que le venía de serie por su origen londinense. Sólo a unos ciudadanos acostumbrados a crímenes atroces se les podía ocurrir bautizar como Jack the Stripper al asesino no identificado de seis prostitutas que aparecieron flotando en el Támesis entre 1964 y 1965. Scotland Yard fue incapaz de cerrar el caso y Arthur La Bern lo aprovechó para escribir una novela que parecía hecha a propósito para Hitchcock. El guion adaptado corrió a cargo de Anthony Shaffer, que ese mismo año había llevado al cine ‘La huella’ (Joseph L. Mankiewicz, 1972).

Hitchcock vio en ‘Frenesí’ una oportunidad para recordar al mundo que, a sus 73 años, seguía siendo el maestro del suspense. Además, los tres fracasos consecutivos que habían supuesto ‘Marnie, la ladrona’ (1964), ‘Cortina rasgada’ (1966) y ‘Topaz’ (1969), junto con sus frecuentes problemas de salud, le habían sumido en una nostalgia que le impulsaba a volver a Londres. Y aunque la modernización de la ciudad le sacaba de quicio (por ejemplo, no entendía que los pubs renunciaran a la madera oscura como decoración), el rodaje de ‘Frenesí’ fue una terapia estupenda: la prensa británica estaba encantada con su presencia, la gente lo adoraba, vinieron a verlo amigos como François Truffaut, y tuvo libertad (casi) absoluta para filmar una de las películas más truculentas de su filmografía.

Como dijo Truffaut, los asesinatos de ‘Frenesí’ parten la historia en dos: por un lado, Hitchcock nos sitúa en la posición de Richard Blaney (Jon Finch), un ex miembro de la RAF que adopta el papel de falso culpable; por el otro, seguimos las aventuras del verdadero asesino, un mayorista de hortalizas de Covent Garden llamado Robert Rusk (Barry Foster). Es decir, que una vez más Hitchcock le da al espectador todas las claves de la acción sin guardarse nada en la manga. Él siempre defendió que esta opción era más interesante porque alargaba la tensión y evitaba los golpes efectistas; le complacía que fueran los personajes y no el público quienes se enterasen en último lugar de lo que estaba ocurriendo.

'Frenesí' (1972)

Tres escenas macabras

Junto con el suspense, Hitchcock se explaya en tres escenas que marcan a fuego el visionado de ‘Frenesí’. La primera y más importante es la violación y estrangulamiento de Brenda, la ex mujer de Blaney (Barbara Leigh-Hunt). Es una escena larga en la que Rusk acorrala a Brenda en su despacho y se toma su tiempo para alargar el placer de verla sufrir. En los instantes finales, el director se concentra en los primeros planos de la víctima y el agresor sin escatimar detalles, y termina con la mítica imagen de Brenda con los ojos abiertos, la corbata al cuello y la lengua colgando, tan divertida como terrorífica. Es muy probablemente la escena más sórdida de Hitchcock, al que incluso le censuraron un plano detalle de la saliva que goteaba de la lengua de Brenda.

Si esta primera escena llama la atención por ser explícita, minutos después se repite la jugada por omisión. Rusk se las arregla para llevar a la novia de Blaney, Babs (Anna Massey) hasta su apartamento. Los seguimos hasta la puerta, pero cuando él pronuncia la frase con la que suele iniciar sus ataques (“Usted es mi tipo de mujer”), la cámara se retira lentamente en un travelling silencioso, bajando las escaleras y volviendo a la seguridad de la calle. Ya hemos visto el horror una vez: suficiente. Pero el impacto es igual porque, aunque ni lo vemos ni lo oímos, sabemos lo que la pobre Babs debe de estar padeciendo en el piso de arriba.

La tercera gran escena de ‘Frenesí’ es la del camión de patatas donde Rusk intenta esconder el cadáver de Babs. Rusk se ve obligado a viajar en la parte trasera del camión y abrir el saco de patatas donde ha escondido a la víctima para recuperar un alfiler con sus iniciales (la marca de distinción del psicópata; normal que Hitchcock hubiera querido contratar a Michael Caine, que guardaba un gran parecido con Barry Foster). La escena está llena de tensión, así como del inconfundible cinismo del maestro que la parió: el pie del cadáver en la cara de Rusk, los dedos que aprisionan el alfiler, la pésima conducción del camionero, las patatas rodantes… De nuevo, Hitchcock da una lección de cómo apretar las clavijas a los personajes; por muy terribles que fueran, procuraba hacerlos vulnerables.

Otro punto destacado de ‘Frenesí’ son los interludios culinarios del policía Tim Oxford (Alec McCowen) y su esposa (Vivien Merchant). Estas escenas ligeras en las que el matrimonio comenta los asesinatos del día como quien habla de las ofertas del supermercado, dotan a la película de la cotidianidad perseguida por Hitchcock. Y de nuevo son secuencias marcadas por el humor negro a través de los platos franceses que la señora Oxford sirve a su marido, que bien podrían ser la crítica del director a la europeización de la cocina británica, que en su opinión debería mantenerse tan simple y sabrosa como unos huevos con beicon. En lo que a la trama se refiere, estas escenas reflejan otra constante del cine de Hitchcock: muchas veces el cotilleo de las amas de casa hace más por resolver un crimen que todas las pesquisas de Scotland Yard.

'Frenesí' (1972)

Chascarrillos misóginos

Por último, la crueldad de Hitchcock se derrama igualmente por los chascarrillos de los personajes secundarios; comentarios que ya entonces se consideraban machistas o degradantes, así que imaginaos si se hicieran hoy (ejemplo: cuando el parroquiano de un bar dice que si violaron a la mujer antes de estrangularla, al menos hubo “un rayo de luz entre las nubes”; o cuando el policía asegura que “a las mujeres de hoy en día no les importa su honor, sino su ropa”). Puede que la misoginia del director se filtrara por el guion de Shaffer, pero no es menos cierto que en ambientes como en los que tiene lugar la película eran (y son) frecuentes.

En los aspectos técnicos, dirección aparte, hay un constante uso de los ángulos verticales para reforzar la tensión del filme, como si de una película expresionista se tratara; algo que se puede apreciar sin problemas en las escaleras del apartamento de Rusk, o en las escenas violentas. En cambio, la fotografía y la banda sonora son de una normalidad aplastante. De hecho, Hitchcock despidió a Henry Mancini después de que el compositor de ‘Desayuno con diamantes’ (Blake Edwards, 1961) le presentara una pieza a lo Bernard Herrmann para los títulos de crédito. La idea que quería transmitir Hitchcock es que el terror acecha en cualquier esquina, y para ello necesitaba un Londres rutinario, indiferente, documental.

Lo único que se le podría reprochar a ‘Frenesí’ es la excesiva frialdad con que Richard Blaney asume los asesinatos de su ex mujer y de su novia: ni una lágrima, ni unas manos a la cabeza, ni un ataque de ira. Se podría defender por el hiperdesarrollado instinto de supervivencia de Blaney, al que se le debieron atrofiar las emociones cuando militaba en la RAF. Puede ser, pero aún así sus tibias reacciones ante las muertes de las mujeres a las que amaba parecen más una falta de planificación del guion que otra cosa. Da igual: este punto negativo tiene la misma importancia que un accidente de bicicleta en Pekín. ‘Frenesí’ es un thriller tan morboso, cínico y entretenido como las cualidades que, para bien y para mal, definían al hombre que lo digirió.

CALIFICACIÓN
5 estrellas

Ficha técnica (+)

Título original: ‘Frenzy’. Dirección: Alfred Hitchcock. Guion: Anthony Shaffer, basado en la novela de Arthur La Bern ‘Goodbye Piccadilly, Farewell Leicester Square’ (1969). Reparto: Jon Finch, Barry Foster, Barbara Leigh-Hunt, Anna Massey, Alec McCowen, Vivien Merchant, Billie Whitelaw, Clive Swift, Bernard Cribbins. Duración: 116 minutos. País: Reino Unido.

Otras críticas

“Lo que tenemos aquí es probablemente la película más retorcida del maestro del suspense (…) su última obra maestra” (Alberto Abuin, ‘Espinof’). (+)

“…sorprendente, chocante, tan extraña como cercana gracias a las excelentes escenas de humor que contiene” (José Luis Forte, ‘El Antepenúltimo Mohicano’). (+)

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