‘El cazador’ (1978)

‘El cazador’ (1978)

El pasado verano murió Michael Cimino, un director con una producción corta —ocho películas en treinta años— pero tan intensa como para ganarse el estatus de maldito. Su mastodóntico western ‘La puerta del cielo’ (1980) llevó a la bancarrota a United Artists, que no tuvo más remedio que afiliarse a la Metro-Goldwyn-Mayer para evitar su desaparición. Cimino apenas pudo remontar el vuelo después de este tremendo fiasco. Pero si la distribuidora confió en el proyecto de ‘La puerta del cielo’ fue porque dos años antes había rodado una de las películas imprescindibles del cine (anti)bélico: ‘El cazador’, por la que ganó el Oscar a la mejor dirección.

El film se divide en tres partes bien diferenciadas. La primera es la que se suele cuestionar más, porque es muy larga —unos 70 minutos— y, en teoría, no pasa nada interesante. Y es verdad que se podría haber acortado, pero desde luego que pasan cosas. Pasa de todo, y más a menudo de lo que parece. En esta primera parte, Cimino teje la relación entre unos trabajadores de la siderurgia de Pensilvania que están a punto de irse a Vietnam para defender a su país: Michael (Robert de Niro), Steven (John Savage) y Nick (Christopher Walken). Las horas previas están marcadas por la boda de Steve; una celebración por donde se van colando malos presagios, como la aparición del soldado desconocido, las gotitas de vino manchando el vestido de la novia o los retratos colgados de la pared. Pero también es un episodio clave para entender de qué manera afronta cada uno la llamada del ejército.

Nuestros amigos

Este primer capítulo nos hace empatizar con los personajes. Al final del mismo no sólo lo sabemos todo acerca de ellos, sino que sentimos que son parte de nuestra familia. O mejor: de nuestros amigos. La fotografía desprende un halo mágico que llena las escenas de una calma irreal, como un sueño del que irremediablemente nos vamos a despertar. Y entonces, gracias a la imponente transición de un solo de piano a las aspas de un helicóptero, Cimino nos adentra en el segundo capítulo: el horror. De repente, nuestros amigos ya no están borrachos de felicidad, sino aullando de miedo, capturados por un comando vietnamita y obligados a jugar a la ruleta rusa para no ser ejecutados. El shock es brutal. Para ellos y para el espectador.

En el tercer capítulo volvemos al pueblo de los protagonistas, pero evidentemente ya nada puede ser igual. Afrontamos esta parte con un aturdimiento similar al que siente Michael cuando, al ver la fiesta de bienvenida que le han preparado sus vecinos, decide pasar de largo e irse a un motel. La guerra no te permite seguir adelante como si nada hubiera sucedido. La guerra cambia las vidas de los que se van y de los que se quedan. No la cambia: la rompe. Ese es el tema principal de ‘El cazador’, junto con otro colateral que sería el de la amistad. Pero no es una película sobre Vietnam. Por eso me parece absurdo el debate sobre si la práctica de la ruleta rusa era común, o no. Qué más da. La historia va de otra cosa, y seguro que había peores métodos de tortura.

‘El cazador’ es de esas películas que dan para escribir un libro de curiosidades. Por ejemplo que, fieles al estilo del método, Cimino y De Niro se infiltraron en una fábrica siderúrgica para captar el tono que debían tener los personajes en sus relaciones de amistad. O que John Cazale —novio de Meryl Streep, que quizá es lo más excesivo de la película— tuvo que rodar sus escenas al principio porque estaba enfermo de cáncer; de hecho, ni siquiera llegó a ver el estreno. Anécdotas que le acaban de dar el poso de leyenda a una cinta que, por otro lado, no las necesita. Basta con recordar el emocionante epílogo en el que todos juntos, alrededor de una mesa, entonan un himno patriótico lleno de tristeza e ironía. Para llegar a él, Cimino necesitó tres horas de gran cine. No seré yo quien se lo discuta.

CALIFICACIÓN
4,5 estrellas

Ficha técnica (+)

Título original: ‘The Deer Hunter’. Dirección: Michael Cimino. Guion: Deric Washburn, Michael Cimino, Louis Garfinkle, Quinn K. Redeker. Reparto: Robert De Niro, John Cazale, John Savage, Christopher Walken, George Dzundza, Chuck Aspegren, Meryl Streep, Shirley Stoler, Rutanya Alda. Duración: 183 minutos. País: Estados Unidos.

Otras críticas

«Una obra imprescindible para el buen cinéfilo que forma parte de una época, los años setenta del siglo XX, en la que una serie de películas se erigieron como portavoces de la conciencia, la crítica y el dolor norteamericanos» (José Manuel Rodríguez Pizarro, ‘Cine en Conserva’). (+)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *