‘Domicilio conyugal’ (1970)

‘Domicilio conyugal’ (1970)

Dejábamos en ‘Besos robados’ a Christine Darbon y Antoine Doinel a punto de empezar la vida en común. Y, dos años después, aquí los tenemos: en ‘Domicilio conyugal’, trabajando para llenar la nevera y con la perspectiva de ser padres a corto plazo. Si en la primera comedia romántica de esta pareja François Truffaut ironizaba con cariño sobre nuestras actitudes durante el enamoramiento, en el segundo episodio repite fórmula como sátira de la convivencia doméstica. Y lo hace, faltaría más, con los mismos actores: Jean-Pierre Léaud y Claude Jade, junto con un reguero de secundarios prácticamente idéntico.

‘Domicilio conyugal’, sin embargo, pierde frescura respecto a su antecesora. En primer lugar, como digo, porque Truffaut repite tono y esquema, y por tanto parece que ya la has visto. Pero además el guion se recrea excesivamente en una primera hora muy larga, que incluye una agotadora sucesión de gags protagonizados por personajes que, al final, ni pinchan ni cortan. Sí, es una nueva incursión de Truffaut en el humor loco, pero dicha incursión es tan desmedida que uno termina cansado de tanta bromita y se pregunta cuándo narices va a arrancar la historia. Afortunadamente, Léaud y Jade soportan el envite, y los absurdos empleos de Antoine —desde teñir flores a conducir maquetas de barcos— tienen bastante gracia.

Es en la última media hora donde ‘Domicilio conyugal’ encuentra su norte; en concreto, a partir de la aparición de la japonesa interpretada por Hiroko Berghauer. Ahí brota el Truffaut más mordaz, el que parodia la actitud hipócrita de Antoine y pone en relieve la integridad de su esposa. Un triángulo amoroso que permite algunos pasajes inspirados, como la de los mensajes escondidos en las rosas, que desemboca en la tronchante imagen de Claude Jaude caracterizada como una geisha. Y, como ocurría en ‘Besos robados’, Truffaut añade al tramo final un filtro romántico; pelín dramático, pero sin abandonar el humor, como certifica la divertida escena del restaurante.

Guiños cinéfilos

Durante la película, Truffaut vierte continuos detalles acerca de su pasión por el cine. Las referencias van desde escoger a Laurel y Hardy como apodos para los pechos de Claude Jade, hasta una enorme marquesina con el póster de ‘El gran combate’, de John Ford. Y también se mencionan, directamente o a través de imágenes, otras películas como ‘Las vacaciones del señor Hulot’, ‘La ventana indiscreta’, ‘El puente sobre el río Kwai’ o ‘El año pasado en Marienbad’. En todo caso, estas referencias se digieren con agrado; no como los papeles secundarios, de los que sólo rescataría el de la ardiente Ginette (Danièle Girard).

Por lo demás, la pregunta sería si vale la pena aguantar la primera hora de película para lo que viene después. Respuesta: sí, por los pelos. El dinamismo del montaje hace que la experiencia se haga llevadera, más aún si guardamos un buen recuerdo de ‘Besos robados’. Porque, como ocurre con la saga de Jesse y Céline dirigida por Richard Linklater, este segundo capítulo es sólo una transición hacia el tercero, titulado ‘El amor en fuga’, que se estrenará en 1979. Y al final, pues oye, a Christine y Antoine también les coges cariño. En el fondo hasta dirías que te recuerdan a alguien. O a muchos.

CALIFICACIÓN
3 estrellas

Ficha técnica (+)

Título original: ‘Domicile conjugal’. Dirección: François Truffaut. Guion: Claude de Givray, Bernard Revon y François Truffaut. Reparto: Jean-Pierre Léaud, Claude Jade, Hiroko Berghauer, Barbara Laage, Danièle Girard, Daniel Ceccaldi, Claire Duhamel, Daniel Boulanger, Silvana Blasi. Duración: 94 minutos. País: Francia.

Otras críticas

“El personaje queda un tanto desdibujado y la realización —adornada con varios homenajes a Ernst Lubitsch— se mueve dentro de pautas correctas pero algo frías” (‘Fotogramas’). (+)

“Ha perdido la vivacidad de la entrega anterior” (Salvador Sáinz, ‘Diario de Cine’). (+)

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