‘Diario íntimo de Adèle H.’ (1975)

‘Diario íntimo de Adèle H.’ (1975)

En 1863, una mujer llamada Adèle cruza sola el océano Atlántico. Viaja desde París hasta Halifax, Nueva Escocia. Se ha marchado sin decírselo a nadie. Lleva siete años persiguiendo al teniente del ejército británico Albert Pinson, de quien se enamoró locamente justo después de rechazar su propuesta de matrimonio. Adèle padece el trastorno mental que hoy conocemos con el nombre de erotomanía, es decir, un amor insano y obsesivo por alguien que pertenece a un estrato social superior; pero, además, se da la particularidad de que Adèle es hija del escritor más famoso de Europa en aquella época: Victor Hugo, autor de ‘Los miserables’.

No era la primera vez que François Truffaut llevaba al cine una historia biográfica, ni tampoco la primera en que trataba el tema del amour fou. Pero en ‘Diario íntimo de Adèle H.’ el director apuesta por la radicalidad en los dos campos. Primero, la película sigue una línea más fiel a los hechos reales que la de ‘El pequeño salvaje’ (1970), donde Truffaut se había tomado ciertas licencias. Y segundo, este amor fou no sólo rehúye la ligereza de ‘Besos robados’ (1968) sino que es mil veces más dramático que el de ‘Jules y Jim’ (1962). El de Adèle es un amor romántico hasta la médula, un deseo extenuante que provocará la degradación de la protagonista y su anulación como persona.

Truffaut toma el camino difícil para explicar la historia de Adèle (Isabelle Adjani), ya que no ofrece ninguna concesión al espectador. A través de las cuartillas que escribe febrilmente, adopta el punto de vista de ella para remarcar la obsesión enfermiza y el dolor ante la indiferencia de Pinson (Bruce Robinson), sin frivolizar. Adèle se deshace poco a poco ante la cámara, dándole a Pinson todo lo que está en su mano: cariño, poemas, dinero, sexo con otras mujeres. Se arroja a sus pies, le suplica, se deja morder por los perros. Es una entrega total, acentuada por el hecho de que Adèle va engordando la ilusión de que en la próxima carta que le envíe a su padre podrá comunicarle que por fin ha conquistado al hombre de sus sueños.

Para creyentes del amor fanático

Así pues, aviso a navegantes: ‘Diario íntimo de Adèle H.’ es una película apta solamente para creyentes del amor fanático, o para quienes sean capaces de creer en él por lo menos durante hora y media. El resto de espectadores tendrán muchas dificultades para dejarse llevar por la implacable dirección de Truffaut; más aún si tenemos en cuenta que el director utiliza recursos claustrofóbicos para subrayar el desgarro interno de Adèle, como los primeros planos de su rostro, las pesadillas nocturnas o la pequeña posada de Halifax regentada por la señora Saunders (Sylvia Marriott).

Isabelle Adjani realiza una gran interpretación que fue reconocida con la nominación al Oscar a la mejor actriz. Era un trabajo a lo Daniel Day-Lewis, es decir, que no admitía medias tintas: había que mimetizarse con Adèle, y lo hizo a la perfección. Aunque es verdad que en algunos momentos nuestro cerebro desconecta y tiene la tentación de abandonarse a la broma fácil, las últimas escenas en Barbados y la posterior reclusión en Suresnes nos dejan el corazón en un puño. Sobre todo porque es entonces cuando recordamos que no es sólo la historia de un personaje de ficción, sino de alguien de carne y hueso que pasó por esta vida sin conocer la felicidad del amor correspondido.

CALIFICACIÓN
3,5 estrellas

Ficha técnica (+)

Título original: ‘L’histoire d’Adèle H.’. Dirección: François Truffaut. Guion: François Truffaut, Jean Gruault, Suzanne Schiffman y Frances Vernor, basado en los diarios de Adèle Hugo. Reparto: Isabelle Adjani, Bruce Robinson, Sylvia Marriott, Joseph Blatchey, Ivry Gitlis, Louise Bourdet. Duración: 96 minutos. País: Francia.

Otras críticas

“La cinta adolece de la profundidad, de los marcados temas filosóficos de otras obras suyas, de esa belleza intangible, pero esto se contrapesa con la estética” (Edgar Javier Mauricio Cerdán, ‘Cinestonia’). (+)

“Su calculado estilo oscila entre un febril apasionamiento y un sosegado clasicismo que se combinan admirablemente” (‘Fotogramas’). (+)

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