‘Déjame salir’ (2017)

‘Déjame salir’ (2017)

Hay dos formas de abordar la crítica de ‘Déjame salir’ (2017), el debut como director del cómico neoyorquino Jordan Peele. La primera es enfocarla como una película de terror, que es el género de donde Peele ha reconocido haber tomado prestadas muchas referencias clásicas. A mí me ha recordado más a ‘Adivina quién viene esta noche’ (Stanley Kramer, 1967) que a ‘La noche de los muertos vivientes’ (George A. Romero, 1968), pero es verdad que el in crescendo malrollero y la angustia del protagonista negro guardan similitudes con ésta última. Bueno, a lo que iba: como película de terror funciona bien, y mantiene tanto la expectación como la suspensión de la incredulidad. Ni es tramposa, ni busca el susto fácil, que suelen ser los dos pecados capitales del género. Tiene ritmo, misterio y el final sangriento que mandan los cánones. Lo dicho: bien.

Ahora, como de verdad funciona ‘Déjame salir’ es en su vertiente satírica. Sobre todo por la acidez con la que retrata la condescendencia del hombre blanco respecto a los negros; racistas que se escudan en el chascarrillo de “yo voté por Obama”, igual que hacen los homófobos con aquello de “eh, que yo tengo muchos amigos gays”. Así, la siniestra fiesta en la que Chris Washington (Daniel Kaluuya) ejerce de invitado de honor, no sólo moderniza las escenas de venta de esclavos al estilo ‘12 años de esclavitud’ (Steve McQueen, 2013), sino que es una metáfora de la lucha racial estadounidense: no hay más remedio que tolerar la existencia de los negros, pero de ahí a que haya que tratarlos como iguales, va un trecho. Como dice uno de los viejos copa en mano: ser negro no es más que una moda.

También parece haber un toque de atención de Jordan Peele hacia los propios negros. La criada Georgina (Betty Gabriel) y al jardinero Walter (Marcus Henderson), son los negros que durante la era Obama han vivido un proceso de hipnosis mediante el cual se les ha hecho creer que habían conseguido equilibrar la balanza de la desigualdad racial; un proceso que luego ha degenerado en una lobotomización ejercida por la comunidad pijo-progre. En el filme, Chris sería la conciencia dormida de los negros que despierta y se rebela cuando descubre la hipocresía blanca (o cuando se le hinchan las pelotas). En cualquier caso, Peele subraya que los negros deben mantenerse en alerta para no perder lo que tantos años les ha costado conquistar.

La imagen del telediario

‘Déjame salir’ pierde un poco de gas cuando en la famosa escena del sótano, cuando Peele cae en el tópico del malvado que quiere explicar su objetivo a la pobre víctima; pocas veces encajan bien estas escenas, que parecen más información para el espectador que para el protagonista. Pero el contexto cómico-terrorífico hace que la película no se resienta demasiado. Por otro lado, debemos destacar las medidas intervenciones Rod Williams (LilRel Howery), quien además de soltar algunos chistes a cuenta de la penosa situación de su colega, aprieta las clavijas de un guion bien ensamblado que finaliza con la irónica imagen de un coche patrulla en mitad de la noche; imagen que tantas veces hemos visto en los telediarios por motivos bien diferentes, pero siempre con negros de por medio.

Si a todos los méritos reseñados añadimos que ‘Déjame salir’ ha recaudado más de 250 millones de dólares en todo el mundo con un presupuesto inferior a 5 millones, el debut como director de Jordan Peele sólo puede calificarse de éxito rotundo (y ya está: tampoco es que sea la película del milenio). Veremos cómo le tratan en la temporada de premios.

CALIFICACIÓN
3,5 estrellas

Ficha técnica (+)

Título original: ‘Get out’. Dirección y guion: Jordan Peele. Reparto: Daniel Kaluuya, Allison Williams, Catherine Keener, Bradley Whitford, Caleb Landry Jones, Marcus Henderson, Betty Gabriel, Lakeith Stanfield, Stephen Root, LilRel Howery. Duración: 94 minutos. País: Estados Unidos.

Otras críticas

“Nada como un guion impregnado de sutilezas y guiños ocultos para mantener al espectador completamente intrigado y a la expectativa” (Celia Sutton, ‘El espectador imaginario’). (+)

“Lo peor: no poder verla en su entorno ideal, un atestado cine de Harlem” (Jordi Costa, ‘Fotogramas’). (+)

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