‘De amor también se muere’ (1946)

‘De amor también se muere’ (1946)

‘De amor también se muere‘ arranca con un primer plano de John Garfield que es toda una declaración intenciones. Aunque no conozcamos el título español de la película (mil veces mejor que el original ‘Humoresque’, dicho sea de paso), la mirada perdida de ese violinista con barba de tres días deja bien a las claras que nos espera una historia trágica; la típica espiral de fatalismo que directores como el rumano Jean Negulesco sabían cocinar a fuego lento para hacerla estallar en dos o tres escenas de extremo abandono. Una vez más nos encontramos ante un magnífico ejemplo de cómo mantener el pulso narrativo contra viento y marea, de cómo una película sobrevive al naufragio vital de sus personajes.

La sinopsis dice que el protagonista es Paul Boray (John Garfield), un hombre que desde pequeño ha estado obsesionado con la idea de ser el mejor violinista del mundo y que se ha dedicado a ello en cuerpo y alma. Pero Negulesco, al que le gustaba ser considerado como un «director de mujeres» al estilo George Cukor, sabe que en realidad el protagonismo le corresponde a Helen Wright (Joan Crawford). La introspección a la que se ve sometida por la música de Boray es mucho más importante que la del violinista, pues carga con una frustración que va más allá de la necesidad de triunfar profesionalmente. Wright pensaba que había aprendido a vivir sin amar, que le bastaba con un marido cabal para ser feliz: un matrimonio «sin emoción». Nada más lejos de la realidad. Boray hará detonar las miserias que ha intentado enterrar, sin éxito, en el fondo de su alma.

‘De amor también se muere’ coge vuelo a partir del minuto treinta, cuando Joan Crawford entra en escena. Hasta entonces asistimos al típico ascenso a la cima de un chico de clase humilde, hijo de unos tenderos y hermano de dos zánganos. Gracias a los mimos de la madre, a los consejos de un amigo y a su propio esfuerzo, el chico acaba tocando el violín en el salón de una de las familias más ricas de Nueva York. Y así termina una introducción con bastante poderío, muy bien interpretada por Garfield. Hasta que aparece Joan Crawford bebiendo una copa por minuto, dominando la cámara con la voz y la mirada… y se acabó el violinista: la señora Wright se adueña de la historia y Crawford, de la película.

Apoteosis Crawford

No quiero desmerecer en absoluto el trabajo de Garfield, que está fenomenal incluso cuando finge que toca el violín (las manos que vemos son las del ucranio Isaac Stern). Pero es que el guion le regala a Crawford dos momentos apoteósicos contra los que es imposible competir. El primero es el concierto en el que la señora Wright tiene claramente un orgasmo mientras escucha la frenética melodía de Boray; con el factor añadido de que se trata de un orgasmo público y notorio frente a las otras dos mujeres que compiten por el corazón del músico: la madre (Ruth Nelson) y la eterna pretendiente (Joan Chandler). La sucesión de primeros planos orquestada por Negulesco nos lleva de la cara de éxtasis de la señora Wright a la estupefacción de la que podría ser su suegra y a la derrota inapelable de la enamorada, que sale huyendo bajo una lluvia torrencial.

Es una escena cruel, erótica, maravillosa. Pero es que la segunda es casi mejor (tanto, que hasta Madonna se inspiró en ella para uno de sus videoclips). Me refiero al clímax de la película, en el que Negulesco se desata por completo y aborda sin miramientos la autodestrucción de la señora Wright. ¿Casa en la playa? Casa en la playa. ¿Olas rompiendo en la arena? Olas rompiendo en la arena. ¿Un copazo de whisky? Que sean tres o cuatro. Y que se despidan por teléfono con uno de esos diálogos ásperos que nos han acompañado a lo largo del filme. Y que haya lamentos, y lágrimas, y remordimientos, y desolación. Porque, cuando había que abandonarse, nadie se abandonaba como Joan Crawford. ¿Qué otra actriz en la historia del cine ha tenido la osadía de recoger un Oscar sin salir de la cama?

CALIFICACIÓN
4,5 estrellas


Ficha técnica (+)

Título original: ‘Humoresque’. Dirección: Jean Negulesco. Guion: Clifford Odets y Zachary Gold, basado en una historia corta de Fannie Hurst. Reparto: Joan Crawford, John Garfield, Oscar Levant, J. Carrol Naish, Joan Chandler, Ruth Nelson, Craig Stevens, Paul Cavanagh. Duración: 124 minutos. País: Estados Unidos.

Otras críticas

«Es demasiado larga y artificial, pero Crawford y [el director de fotografía] Haller la convierten en un obsesivo sueño de masoquismo aterciopelado» (Dan Callahan, ‘Slant Magazine’). (+)

«Una inflada historia sobre la celebridad con el cliché moral de que la vida es soledad» (‘Journeys in Classic Film’). (+)

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