‘Carta a tres esposas’ (1949)

‘Carta a tres esposas’ (1949)

Joseph L. Mankiewicz ganó su primer Oscar como director con ‘Carta a tres esposas’ (1949), un ácido retrato de la clase media americana surgida después de la Segunda Guerra Mundial. Curiosamente, la historia partía de una novela publicada por entregas en una revista tan poco satírica como ‘Cosmopolitan’. En esa primera versión las esposas eran cinco en vez de tres, pero la cifra se redujo para simplificar la trama. El guion también fue premiado con el Oscar para Mankiewicz, aunque la escritora Vera Caspary (autora de ‘Laura’) aparece en los créditos como encargada de la adaptación.

El personaje más importante de la película es el que no se ve: Addie Ross (con la voz original de Celeste Holm). Gracias a la presencia latente de Addie, Mankiewicz saca a relucir las miserias de las tres protagonistas; tres mujeres que acaban de ascender unos peldaños en la pirámide social y tienen miedo de volver a la casilla de salida. Addie les dice en una carta que se ha fugado con uno de sus maridos, y aunque intentan disimular su nerviosismo, las tres saben que tienen motivos para haber sido traicionadas. El odio que sienten hacia ella no es más que envidia e inseguridad, pues Addie es el tipo de mujer a la que admiran pero a la que nunca se podrán igualar.

Los piojos resucitados

‘Carta a tres esposas’ se convierte así en una crítica mordaz a esos piojos resucitados que, en cualquier época y en cualquier ámbito, son capaces de vivir bajo una costra de impostura con tal de que les acepten en una clase social superior, aunque muchas veces no tengan los recursos económicos ni sociales para integrarse en ella. Gente ignorante que reniega de su pasado, creyendo que la felicidad se encuentra en los escaparates de las tiendas de lujo, en una mansión de columnas neoclásicas o en el salón de baile del Ritz.

El ejemplo más flagrante es el de Lora Mae (Linda Darnell), una chica tan humilde que vive con su madre y su hermana en un minúsculo apartamento al lado de las vías del tren, y que se propone conquistar al dueño de una cadena de electrodomésticos (Paul Douglas). Él, que ya estuvo casado una vez, rechaza un segundo matrimonio; y entonces Lora Mae se hace la estrecha, ya que sin boda no hay garantía de que vaya heredar parte de su fortuna. En el caso de Deborah (Jeanne Crain), lo que hay es una absurda inseguridad por no estar a la altura de su marido (Jeffrey Lynn); mientras que en el de Rita (Ann Sothern) existe un desprecio a su marido (Kirk Douglas) porque éste prefiere ser feliz como profesor en lugar de buscarse un trabajo moderno como el suyo (guionista de radio).

Mankiewicz tiene suficiente con una carta y un personaje misterioso para desnudar a tres esposas que tendrán que hacer una amarga introspección en base a los errores cometidos. Ayudándose de sendos flashbacks (precedidos por unas curiosas transiciones sonoras), el director ridiculiza las actitudes y elecciones de cada una. Lo hace desde la ironía y la elegancia tan características de su cine, pero sin renunciar a algún aguijonazo menos sutil, casi siempre en boca de Sadie Dugan, el personaje interpretado por la gran Thelma Ritter (la cual no figura en los créditos porque aún no era lo bastante popular). Y aunque ‘Carta a tres esposas’ se enmarque en una época concreta, el mensaje es atemporal: mirad a vuestro alrededor y seguro que estaréis cerca de algún trepa dispuesto a renunciar a sí mismo con tal de viajar en primera clase el resto de su vida.

CALIFICACIÓN
4 estrellas

Ficha técnica (+)

Título original: ‘A letter to three wives’. Dirección: Joseph L. Mankiewicz. Guion: Vera Caspari y Joseph L. Mankiewicz, basado en la novela de John Klempner. Reparto: Jeanne Crain, Linda Darnell, Ann Sothern, Kirk Douglas, Paul Douglas, Barbara Lawrence, Jeffrey Lyn, Connie Gilchrist, Florence Bates, Hobart Cavanaugh, Thelma Ritter, Celeste Holm. Duración: 103 minutos. País: Estados Unidos.

Otras críticas

«Mankiewicz, como se caracteriza en su forma de expresión, consigue con éxito remover nuestros comportamientos que actualmente siguen siendo los mismos que antaño» (Marcos Sáez, ‘Encadenados’). (+)

«…aunque Mankiewicz se muestra muy incisivo, no por ello pierde nunca las formas y sus dardos son siempre lanzados con mucha elegancia» (Manuel Pazos, ‘Archivos de Cine’). (+)

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