Cannes vs. Netflix: En el nombre del arte

Cannes vs. Netflix: En el nombre del arte

Vengo pensando desde hace días en la guerra que se ha desatado en Cannes a cuenta del veto que ha impuesto el festival a las producciones de Netflix a partir de 2018, tras una reclamación de los exhibidores franceses. Pedro Almodóvar —diría que sin querer— avivó la polémica al afirmar, como presidente del jurado, que le parecía «una enorme paradoja» que se pudiera premiar a una película que no fuera a ser proyectada en salas comerciales. Sus palabras tuvieron la réplica de Will Smith o Tilda Swinton, pero también el apoyo de un sector del público que se ha dedicado a abuchear de forma pueril el logo de Netflix cada vez que salía en los créditos.

El debate está servido: ¿es cine únicamente lo que se ve en una sala, con su proyector, su pantalla gigante, su sonido envolvente y su patio de butacas? ¿Se puede ver cine desde el sofá de casa, o en realidad sólo se ven películas? ¿Es un sacrilegio ver cine en una tableta o, peor aún, en un teléfono móvil?

Vaya por delante que, en términos cinematográficos, soy un romántico. Para mí, no hay nada que pueda igualar la experiencia de una sala de cine a la hora de ver una película: por calidad de imagen, por sonido, por las condiciones de proyección —a oscuras, sin distracciones más allá del pesado de turno— y sobre todo por compartir sesión con otros espectadores. Así que puedo llegar a entender el nostálgico aunque rancio artículo de Jesús Mota en ‘El País’. Coincido en que, en una sala con gente educada y atenta, la inmersión dentro de la película es inigualable. Ahora bien, creo que tanto Mota como Almodóvar u otros reaccionarios se equivocan de concepto. Porque el cine es un arte, y como tal lo importante no es el medio en que se consume, sino el mensaje que transmite y las emociones que provoca. Y éstas pueden ser iguales o mejores en un smartphone con auriculares que en el multisalas de un centro comercial.

En este hilo de Twitter encontraréis varios ejemplos de lo que quiero decir. Igual que en literatura no hay ninguna diferencia entre leer ‘Cien años de soledad’ en papel o en el Kindle de Amazon —aunque yo, de nuevo, prefiero la opción clásica—, la calidad de una película no varía en función del dispositivo, ya que ésta no se debe medir con valores técnicos sino artísticos. El cine es la rabia contenida de Gary Cooper en ‘Solo ante el peligro’; la empatía que despierta el protagonista de ‘Boyhood’ ante la vida que le espera; el miedo, la ira, la admiración, las risas y las lágrimas de cualquier otra película. Por eso me sorprende que Pedro Almodóvar, cuyo cine no se caracteriza precisamente por los efectos especiales, se preocupe tanto de que las pantallas pequeñas resten valor al séptimo arte.

Cambio de paradigma

Hablemos claro: lo que hay detrás de todas estas opiniones contrarias a las nuevas opciones de distribución es miedo al cambio de paradigma. El modelo de negocio está mutando poco a poco, y ya son muchos los actores, directores y productores que apuestan por amoldarse a él. Como decía Tilda Swinton: «Seamos sinceros, en la historia de Cannes ha habido muchas películas extraordinarias que la gente no ha tenido ocasión de ver en el cine». Netflix, como el resto de plataformas digitales, ofrece una alternativa para aquellas películas que van a tener un recorrido limitado o prácticamente inútil en el circuito de la exhibición tradicional. Y es un sistema que puede ser compatible con las salas de cine. En otras palabras: no todo el cine tiene que ser consumido en el cine antes de empezar su ciclo de vida doméstico. Puede saltarse este proceso o incluso hacerlo en paralelo, como propuso Paco León con ‘Carmina o revienta’.

Lo que percibo en esta absurda polémica es el temor a perder la exclusividad. Y es algo que puedo entender en los exhibidores, porque viven de las entradas que venden en taquilla. Incluso puedo entender el de los productores, porque no saben si van a recaudar lo mismo estrenando una película en el mercado digital que en las salas de cine. No voy a entrar en esa discusión porque no manejo los datos suficientes para decir si son temores infundados o no. Pero si es por eso, que lo digan. Lo que no puede ser es que justifiquen su rechazo a Netflix por defender un arte que no se mide en dinero, sino en talento.

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