‘Bone Tomahawk’ (2015)

‘Bone Tomahawk’ (2015)

Los defensores del western nos resistimos a considerarlo un género muerto, y a veces recibimos con más efusividad de la debida cualquier intento por devolverlo a las carteleras. Sólo así se entiende que una buena película como ‘Bone Tomahawk’ haya recibido tantos elogios en los últimos meses, casi otorgándole el estatus de salvadora del género, cuando en realidad lo que hace —que no es poco— es contar una historia de rescate como la de Ethan Edwards en ‘Centauros del desierto’, añadiendo una amenaza caníbal. Repito, no es poca cosa; decir que ‘Bone Tomahawk’ es mediocre sería faltar a la verdad. Pero yo esperaba un poco más de profundidad psicológica en los personajes creados y dirigidos por el debutante S. Craig Zahler. Como la que tenía Ethan Edwards.

La película tiene su punto absurdo, y creo que es algo totalmente buscado por Zahler. Lo que John Ford convertía en épico —la lucha del ser humano por adaptarse a un entorno tan hostil como el Salvaje Oeste—, Zahler lo hace voluntariamente cómico, recreando el patetismo de hombres y mujeres empecinados en vivir en unas tierras baldías, luchando contra temperaturas extremas y enemigos invisibles. Un lugar en el que hay mil formas de morir, a cada cual más tonta: por una bala perdida, por la picadura de un escorpión o por una gangrena desbocada. Pues bien, lo interesante es que Zahler convierte este sin sentido en un ejemplo de compromiso, dando un broche de dignidad al doloroso viaje (a veces soporífero) de los cuatro protagonistas. Yo sigo prefiriendo la visión de Ford, pero eso ya es cuestión de gustos.

Cuatro hombres y un destino

Encabeza la expedición el sheriff Hunt (Kurt Russell), un tipo recto al que le gusta impartir justicia. Le sigue el lisiado Arthur (Patrick Wilson), que se une a la misión porque una de las víctimas es su querida esposa (Lili Simmons). El tercero en discordia es Brooder (Matthew Fox), un dandy que en el pasado tuvo un escarceo con la mujer de Arthur, a la que recuerda con nostalgia. Y el cuarto, un viudo al que llaman Chicory (Richard Jenkins), el cual quiere sentirse útil —puede que por última vez— en su rol de subalterno del sheriff.

En resumen, un poker muy jugoso del que Zahler aún podría haber sacado más partido, ya que las tensiones que subyacen entre los individuos son débiles y andan supeditadas al objetivo común de rescatar a los secuestrados, avanzando con una determinación suicida. A pesar del buen trabajo de Russell, me parece especialmente pobre el personaje del sheriff, ya que no hay manera de sentir empatía, odio, cariño o admiración hacia él. Por decirlo de otra forma, es tan profesional que no demuestra ser mucho más humano que los caníbales a los que se enfrenta.

Donde no puedo poner ninguna pega es en la ambientación de la película, que se rodó en 21 días con un presupuesto inferior a los dos millones de dólares. Los paisajes áridos, la ausencia de banda sonora, la escasez de diálogos, los efectos de sonido y el tratamiento sobrenatural de los caníbales, componen una atmósfera inquietante que se vuelve terrorífica en unos últimos minutos que parecen sacados de una película de Eli Roth. No creo que sean unas imágenes provocadoras sin más, pero Zahler podría haber tejido unos lazos más intensos entre los protagonistas para que tuvieran la fuerza deseable. Cuando uno ve lo que ve y se queda frío, es porque a ‘Bone Tomahawk’ le falta alma y le sobra hiperrealismo.

CALIFICACIÓN
3 estrellas

Ficha técnica (+)

Título original: ‘Bone Tomahawk’. Dirección y guion: S. Craig Zahler. Reparto: Kurt Russell, Patrick Wilson, Matthew Fox, Richard Jenkins, Lili Simmons, Evan Jonigkeit, David Arquette, Fred Melamed, Sid Haig. Duración: 132 minutos. País: Estados Unidos.

Otras críticas

«Es precisamente porque los personajes de ‘Bone Tomahawk’ resultan tan coherentes como protagonistas de un western clásico que su viaje al infierno caníbal resulta creíble y chocante» (Eulàlia Iglesias, ‘El Confidencial’). (+)

«…hace brillar a sus personajes a través de su ingenioso guion, alérgico a fórmulas y sostenidamente insidioso con la herencia del género» (Jordi Costa, ‘El País’). (+)

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