‘Besos robados’ (1968)

‘Besos robados’ (1968)

Casi una década después de su preciosa huida al final de ‘Los 400 golpes’, Antoine Doinel (Jean-Pierre Léaud) ha sido rechazado en el ejército e intenta abrirse camino en la vida. Lo hace, de nuevo, de la mano de François Truffaut; en esta ocasión la película se titula ‘Besos robados’, una comedia romántica que infantiliza a sus protagonistas con la intención de mostrar lo absurdos y pueriles que llegamos a ser cuando estamos enamorados. Pero no es una visión cínica ni cruel, sino tierna y comprensiva; como si Truffaut reivindicara la estupidez de lo romántico como el único modo de darle valor a nuestra existencia.

Al igual que en anteriores películas, Truffaut mantiene vigente el espíritu marxista de ‘Tirad sobre el pianista’ y la evocación del amour fou, pero sin las connotaciones trágicas de ‘Jules y Jim’. Además, el director francés vuelve a parodiar el cine negro estadounidense con una trama detectivesca en la que todos los personajes son eslabones de la misma cadena, lo que da pie a algunas situaciones cómicas. Y es verdad que a uno le puede saturar tanto comportamiento errático gratuito, pero también es innegable la vitalidad que desprenden las imágenes; que al final, creo, es lo que más le importaba a Truffaut.

Entre todo ese caos, el sexo vuelve a ocupar un papel fundamental (al fin y al cabo, ¿cómo separarlo del amor?). Un sexo de niños, si se me permite la expresión; un sexo inocente, sin besos, porque los besos son cosa seria y corresponden al mundo de los adultos que ya no tienen la fuerza de la juventud; sexo breve y furtivo, sin implicaciones añadidas ni obligaciones conyugales. Sexo sin compromiso, porque el compromiso es lo que jode el sexo. Una idea que se va repitiendo a lo largo de la película hasta llegar a ese bonito epílogo donde Truffaut admite que, pese a todas las dificultades, pese a las peleas, los lamentos, las traiciones y los celos, estamos predestinados a amar; y que, aunque el esfuerzo pueda ser patético, al final siempre nos quedará una llamita de dignidad.

Son estos escasos dos minutos de epílogo los que dotan de sentido (y sentimiento) a una película sobre la que cuesta mantener la atención, tal es el absurdo comportamiento de los personajes que aparecen en ella. Desde luego que ver a Jean-Pierre Léaud repitiendo nombres frente a un espejo en toma fija durante noventa segundos, o huyendo por patas tras cometer una pequeña equivocación ante la mujer a la que idolatra (Delphine Seyrig), no es el tipo de cine al que uno está acostumbrado. Pero, al alcanzar el epílogo, Truffaut subraya su mensaje y es cuando empatizamos un poco más tanto con Antoine Doinel como con su novia, Christine Darbon (Claude Jade).

La conclusión sería que ‘Besos robados’ es una película ante la que hay que dejarse llevar, ante la que conviene ser crédulos por las idioteces que cometen los personajes (no sólo la pareja principal, sino también los que trabajan en la agencia de detectives). Quitándonos las gafas de la madurez (peligrosa palabra) podremos conceder que también nosotros nos hemos comportado así alguna vez, y que incluso, de vez en cuando, aunque sea en un rinconcito de nuestro corazón, aunque sea a solas y delante del espejo, echamos de menos la agradable sensación de ser marionetas a merced de un hombre, de una mujer o de un sueño que nuble nuestra razón.

CALIFICACIÓN
3,5 estrellas

Ficha técnica (+)

Título original: ‘Baisers volés’. Dirección: François Truffaut. Guion: François Truf-faut, Claude de Givray y Bernard Revon. Reparto: Jean-Pierre Léaud, Delphine Seyrig, Claude Jade, Michael Lonsdale, Harry-Max, André Falcon, Daniel Ceccaldi, Claire Duhamel, Catherine Lutz. Duración: 90 minutos. País: Francia.

Otras críticas

“Puede que ‘Besos robados’ no tenga mucha congruencia, pero es muy simpática y te hace sentir bien. Muy recomendable” (‘El rincón de Carlos del Río’). (+)

“La película es un reflejo del amor, la locura y lo indócil del personaje; es finalmente un diario, un espejo del propio Truffaut, de sus sentimientos y visiones de vida” (Andrés M. Aros, ‘Asalto Visual’). (+)

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